Mayo 21, 2020

“Coronavirus en el Perú: el virus se dispara”

El Clarín de Argentina dedica extenso informe a la experiencia peruana en la lucha contra el COVID-19- La prensa mundial sigue analizando al Perú.

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“Coronavirus en el Perú: el virus se dispara”

La prensa mundial ha volteado ojos al Perú y analiza su lucha contra la pandemia. Se sorprende de que el virus se dispare después de ser el primer país en decretar el confinamiento total de sus habitantes como parte de la estrategia anti COVID-19.

Primero fue el The New York Time, luego el The Guardian y después Financial Times. El turno fue del diario argentino El Clarín que publicó este jueves 21 un extenso informe sobre la situación peruana.

Esta es parte del reportaje titulado: “Coronavirus en Perú: el virus se dispara, la gente muere en sus casas y contratan a venezolanos para ir a buscar los cuerpos”.

Perú fue el primer país de la región en decretar una cuarentena total a nivel nacional, el 16 de marzo, la que aún se mantiene, pero se ha convertido en el segundo país de Latinoamérica, después de Brasil, con más casos de contagio de coronavirus.

Este miércoles pasó la barrera de las 100 mil personas contagiadas. Son 104.020 los casos reportados. En las últimas 24 horas hubo 4.537 nuevos casos, el segundo aumento más alto en un solo día en lo que va de la pandemia. Y los fallecidos son 3.024.

A pesar de ser el primer país de Latinoamérica en decretar una cuarentena total, Perú ha recorrido un duro camino. El miércoles ocupó el lugar 12 en el mundo en número de diagnósticos confirmados, por encima de China continental y debajo de India.

Y el verdadero alcance del desastre es mayor. Con más de la mitad de los casos sin contar, según las estimaciones de varios expertos, las autoridades califican al coronavirus como la pandemia más devastadora que ha azotado la región desde que en 1492 los europeos trajeron a América enfermedades como la viruela y el sarampión.

 

La gente muere en sus casas

Los peruanos están muriendo por cientos en sus hogares, por lo general en zonas próximas a los mercados de alimentos que se han vuelto los focos de contaminación más peligrosos, según las autoridades. Y la labor de recoger los cuerpos recae en personas como Jhoan Faneite, de 35 años, y Luis Zerpa, de 21, que abandonaron Venezuela hace dos años para huir de la crisis económica que azota ahí

"Todos los días me encomiendo a Dios para no contaminarme'', dijo Faneite, que trabajó como electricista en su natal Venezuela antes de emigrar a Perú, donde hasta el mes pasado había unos 865.000 migrantes venezolanos.

De lunes a domingo, incluso de noche y madrugada, los junta cadáveres conducen coches fúnebres a través de los barrios ricos pegados al Pacífico, pero también se internan entre colinas apretujadas de barriadas donde el virus golpea con fuerza, ataviados todos con trajes de protección y máscaras.

Y así llegaron a la casa de Faustino a recoger su cuerpo. Una semana después, su esposa Angélica murió en el hospital por el virus.

Otra mañana de inicios de mayo recogieron el cuerpo de Marcos Espinoza, un electricista de 51 años, soltero y sin hijos que vivía en una colina polvorienta cercana al complejo arqueológico Pachacámac, el oráculo más famoso del imperio Inca.

Óscar Espinoza, hermano del fallecido, relató que Marcos intentó curarse bebiendo agua de eucalipto con jengibre y limón. Le dolían los ojos como si se los pincharan con un bolígrafo y poco antes de morir pasó revista a su vida mientras orinaba en un balde de plástico. "¿Por qué me dio esta peste, si no hice daño a nadie?", alcanzó a escuchar Óscar, que dormía en el cuarto contiguo.

La muerte de Marcos ocurrió la madrugada del viernes 8 de mayo a las 2:45 de la mañana. Se acostó de costado, se acurrucó en su soledad y murió mientras dormía. Ocho horas más tarde Faneite, Zerpa y otro paisano, Luis Brito, de 26 años, trepaban el cerro vestidos con un overol blanco, botas, guantes dobles y una máscara que apenas les dejaba ver los ojos.

Cuesta abajo, cargaron el cuerpo de Marcos y por momentos, para descansar, colocaban sobre el suelo el cadáver envuelto en una bolsa de tela negra, mientras el viento soplaba, los perros ladraban y los vecinos de la barriada sin agua ni desagüe observaban en silencio el extraño suceso.

 

Cuerpos en containers

Debido al aumento de la mortalidad, las autoridades han instalado casi dos decenas de contenedores marítimos en los hospitales de Lima que mantienen los cadáveres a cero grados.

La funeraria peruana Piedrangel asumió un papel clave en Lima cuando nadie se atrevía a recoger muertos por el nuevo virus. En marzo recogieron al primer fallecido en Perú por COVID-19, un psicólogo que murió en la soledad de su departamento de un edificio frente al Pacífico.

Edgard Gonzales, uno de los cuatro hermanos propietarios de la funeraria, lo consultó con sus dos hijos y se arriesgó. "Se puede abrir una puerta (oportunidad)'', les dijo. No se equivocó.

Ahora la funeraria no sólo recoge los cadáveres contagiados, también los crema en sus dos hornos instalados en el interior de un cementerio y reparte las cenizas a los deudos.

Murió mirando la pared

Ricardo Noriega, vendedor de ropa de 77 años, no encontró un taxista que lo llevara al hospital cuando enfermó y ningún familiar estuvo disponible. Entonces, se sentó en el sillón principal de su sala y falleció mirando una pared donde tenía colgadas las fotografías de su familia. Ahí lo encontró el personal de la funeraria Piedrangel.

Más de 5.000 policías han sido diagnosticados con la enfermedad, con 92 muertes, de una fuerza de aproximadamente 100.000. El ejército ha sufrido niveles más bajos de la enfermedad.

Las autoridades peruanas destacan que el país hizo más de 700 mil pruebas para detectar el virus, la cifra más alta en la región. También hubo una cuarentena temprana. Entonces, ¡qué fue lo que pasó?

La respuesta está en que Perú es un país con 70 por ciento de informalidad. Millones que viven del día a día, y un Estado poco eficiente, incapaz de hacer llegar oportunamente las ayudas -en dinero y alimentos- para la población más vulnerable, Y hacer cumplir una rigurosa cuarentena ha sido complicado.

El coronavirus se inició, a comienzos de marzo, en los barrios de clase media y alta, con personas llegadas del extranjero, pero ahora se extiende en los barrios populares, donde millones viven hacinados en precarias viviendas, muchas sin agua.

Los desordenados y atiborrados mercados populares, las largas colas en los bancos para cobrar los bonos de ayuda y el transporte público son los principales focos de contagio.

El precario sistema de salud está al límite, y en algunas regiones del país ya ha colapsado.

El número de casos de coronavirus -y de decesos- se triplicó con relación al 30 de abril, y familiares de fallecidos y personal sanitario reclaman por las carencias de equipos y medicinas en los hospitales públicos.

“Es como una película de terror, adentro (del hospital) parece como un cementerio por los cadáveres, los pacientes mueren en sus sillas, (o) en sillas de ruedas", dice el enfermero Miguel Armas, del hospital Hipólito Unanue de Lima, cuyos trabajadores salieron este miércoles a la calle a protestar.

"Ya hay muchos trabajadores contagiados, muchos muertos, no tenemos la seguridad para sobrevivir en esta pandemia", agregó.

En Perú hay 7.533 pacientes hospitalizados con covid-19, mientras crematorios de cementerios de Lima trabajan día y noche para incinerar a fallecidos por esta enfermedad y se forman filas de carros fúnebres afuera de algunos hospitales del Callao.

FUENTE: Clarin.


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