¿Y después de la cuarentena, qué…?

Para un sector de la población, sobre todo en los conos de Lima, la cuarentena terminó hace rato. Cientos de ambulantes han invadido los mercados y sus calles aledañas, la gente camina sin respetar las recomendaciones sanitarias y los vehículos reaparecen cada vez en mayor número por las calles de las principales ciudades del país.

Hay un promedio alto de muertos diarios por COVID-19 y una cifra de contagiados que es el segundo de la región, después de Brasil un país inmensamente más grande en población y extensión territorial. Y, por si fuera poco, esas cifras colocan al Perú como el número 13 en el ranking de la Universidad Jonhs Hopkins de Estados Unidos.

En verdad, las medidas restrictivas no cumplieron sus objetivos esperados. Existieron factores diversos que atentaron contra un mejor resultado. Nadie negará que hubo un sector de la población que mostró inmadurez e irresponsabilidad en varios pasajes de este largo periodo de aislamiento. Y es el mismo que, lamentablemente, ha invadido los mercadillos en los últimos días.

Alguien podrá decir que se trata de gente pobre que vive el día a día. Sí, es cierto. Pero ¿eso les impide respetar la distancia física?, ¿los obliga a salir en grupos?, ¿es óbice para no llevar mascarillas o desacatar las recomendaciones sanitarias? Claro que no. Se trata simplemente de irresponsabilidad y ante eso no hay atenuantes. Las múltiples imágenes de los centros de abasto atestados de gente son más que evidentes.

El otro factor negativo es producto de la lamentable estrategia del gobierno. Después del acierto en el aislamiento tempranero, no logró aislar al virus porque utilizó los instrumentos inadecuados para tal fin. Las decenas de personas (o, tal vez, cientos) con falsos negativos que murieron después de esparcir el virus son prueba irrefutable del fracaso. Y esa cadena nefasta persiste hasta ahora.

Por supuesto, siempre habrá personas interesadas en ocultar o excusar este tremendo error. O estará el batallón de troles pagados con dinero de todos los peruanos y que, en algún momento, tendrá que ser investigados. Pero la verdad es la verdad

Este es el panorama gris del fin de la cuarentena, el panorama que encontrarán en las calles los ciudadanos que sí cumplieron con respetar las normas de confinamiento por más de 50 días y mostraron una enorme cultura cívica a costa, incluso, de su economía personal o familiar.

El peligro de contagio está latente en toda su dimensión, pese a lo que sostiene la versión oficial triunfalista. El gobierno ya no puede mantener una cuarentena que miles ya no respetan. De modo que cada uno de los peruanos tendrán que cuidarse por su cuenta y riesgo. O se protege o se contagia. Así de simple.

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