¿Una nueva Constitucion unirá al Perú?

La sorpresa del primer mensaje presidencial de Pedro Castillo Terrones residió, precisamente, en que no trajo sorpresas. Para tranquilidad de un enorme sector del sufrido pueblo peruano, no hubo mención a la desaparición de las AFPs, la liquidación de la Defensoría del Pueblo o la desactivación del Tribunal Constitucional, ni cualquier otra medida radical de caracter castrochavista que fueron una constante en los discursos de campaña, lo cual, sin duda, habría incendiado la pradera.

Podría decirse que el mensaje resultó de una izquierda moderada como producto de la influencia “progre”, aunque con ciertos tintes populistas. ¿Habrá comprendido el profesor que una cosa es gritar desde la tribuna y otra estar en la cancha? Las complejidades en el manejo de un país pueden hacer pisar tierra al más vocinglero fundamentalista.

Si no fuera por el anuncio sobre la Asamblea Constituyente, el discurso de Castillo habría parecido una extensión del gobierno de Ollanta Humala, lo cual sin ser bueno tampoco es grave. La propuesta de la Carta Magna estaba dentro de lo previsto, porque se trata de la bandera principal de Perú Libre y de los sectores más radicales que insisten en este tema

Sin embargo cabe una observación. No se puede convocar a reconstruir la unidad nacional y en el mismo discurso plantear el cambio de la Constitución a sabiendas de que se trata de un asunto sensible y polémico que polarizará al país otra vez. Salvo de que, en el fondo, lo que se pretenda es, precisamente, poner en práctica la máxima latina divide y reinarás o agudizar las contradicciones, acatando el manual del marxismo-leninismo.

Por supuesto, el mensaje no estuvo exento de anuncios destinados a arrancar aplausos, como el anuncio de que el profesor no gobernará desde el conocido Palacio de Gobierno al que tildó de “atadura de dominación”. Un lamentable error histórico.

De la Casa de Pizarro de la época del virreinato no queda nada. Terremotos e incendios arrasaron con los resquicios de aquellos años de coloniaje. La sede presidencial actual fue construida en el siglo XX e inaugurada por el gobierno de Oscar R. Benavides. En consecuencia, la edificación corresponde, más bien, a la época republicana con lo que la aseveración del flamante mandatario se cae por si sola.

Castillo tuvo omisiones evidentes como el tema del terrorismo y narcotráfico en el VRAEM y lanzó otros anuncios poco claros y muy genéricos, medidas que, se supone, deben ser desarrolladas durante la presentación del esperado gabinete ante el Congreso de la República.

Este mensaje no debe haber caído bien en los predios radicales de Perú Libre donde exigían estatizaciones a granel entre otros anuncios, pero tiene la virtud de tranquilizar a una gran mayoría de peruanos que ven con alarma la pauperización de las economías de países vecinos donde impera el llamado Socialismo del Siglo XXI tan defendido por Vladimir Cerrón y sus adláteres.

En verdad, esto son los primeros días día de un quinquenio donde todo puede pasar sino se gobierna con responsabilidad. El radicalismo que este primer mensaje obvió, podría aplicarse más adelante por presión de Perú Libre, cuyo secretario general debe estar nada contento. Por ahora, la fiesta empieza en paz y el mercado dará su veredicto con rapidez.

 

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