Una mano al pecho y otra al bolsillo derecho

El presidente Martín Vizcarra ha pedido comprensión y solidaridad al pueblo peruano para superar los difíciles momentos causados por la pandemia del Coronavirus. De hecho, la gran mayoría de los peruanos están dispuestos a acatar a pie firme las medidas de emergencia dadas por el gobierno con el objetivo de frenar al Covid-19. Y lo harán hasta quienes carecen de los recursos suficientes para soportar el confinamiento.

Empero, los problemas no terminan con el fin del aislamiento social. Al peligro de la pandemia se suma la crisis económica, el mundo ha ingresado a una etapa de grave recesión y así lo ha confirmado el Fondo Monetario Internacional (FMI). El Perú, como es obvio, sufrirá las duras consecuencias en su condición de país tercermundista. Habrá que ajustarse los cinturones para superar la etapa que se avecina. No queda otra.

Los peruanos han mostrado con creces su espíritu solidario en los momentos más difíciles. En estas semanas dramáticas se han visto a muchas personas de escasos recursos compartiendo lo poco que tienen con la gente de extrema pobreza. Pero, como siempre, existen grupos que miran con indiferencia el sufrimiento de los demás y esconden la billetera.

Hasta los bancos anuncian algunas facilidades a sus acreedores para paliar la crisis cabalgante que se avecina. Pero, ¿y los altos funcionarios públicos, aquellos que perciben sueldos exorbitantes en dólares a través de los organismos internacionales? Ninguno ha dicho aun esta boca es mía.

No son los congresistas, tan aborrecidos y criticados, quienes tienen los sueldos más altos. Existe otra costra aun superior que se la lleva en paila. Unos ejemplos grafican en toda su dimensión el panorama:  el sueldo del presidente del Poder Judicial es de S/. 46.717 mensuales, el del presidente del BCR S/ 41.600 y el gerente general de esa misma institución S/ 39,800. Los suertudos no son pocos. El aparato público está repleto de gente que, en los niveles más altos, perciben sueldos superiores a los S/15.000.  Eso, sin contar con los cientos de consultorías suculentamente pagadas.

El presidente Vizcarra haría bien no solo en invocar el sacrificio de los hombres y mujeres de a pie, sino mirar a la burocracia dorada y exigirles también un ajustón de correa. No sería mala idea que en su próximo discurso anuncie una reducción importante de los sueldos de estos funcionarios suertudos y las propias consultorías a través de las cuales el dinero fiscal sale a raudales. Cuando llueve todos deben mojarse y ponerse una mano al pecho y otro al bolsillo derecho.

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