Pedro Castillo y la izquierda en el diván

Hay una frase que jode igual a zurdos y liberales que dice que si encierras en un cuarto a cinco liberales tienes cinco partidos y que si colocan a cinco zurdos te salen diez. La dispersión es una enfermedad que ataca a zurdos y derechos por igual. Al menos allí hay cierto igualitarismo. Quien diga que en el Perú existió la unidad de la izquierda en los ochenta del siglo pasado (suena lejos, pero es “aquisito-nomás”) simplemente delira con el caleidoscopio ideológico. Ni Barrantes ni Pease se querían tanto como se necesitaban y el cuento de la unidad romántica se lo tragan aún los estudiantes de sociales gracias a las mentiras desarrolladas de los propios profesores. Un detallito: Barrantes sería hoy “Peter Castle” y Pease el Mendoza Frish, que se masticaban, que se saboreaban, que bailaban juntos, pero jamás se pasaron completos.
Estos largos párrafos introductorios vienen a propósito de la victoria de Pedro Castillo en la primera vuelta y sobre todo porque ha triunfado frente a Verónika y a Arana y no obstante de otros caviares como Guzmán. La tesis o aproximación de esta columna es que luego de conocerse los resultados verídicos donde Castillo es el “number one”, la izquierda en plena (o todos los puntos que dibujan ese arco zurdo) con todos sus actores, sus “stakeholders”, todos sus partidos y movimientos empezarán a reflexionar estratégicamente frente a la victoria del Profe. Mientras algunos celebran la llegada de un maestro a una segunda vuelta, otros zurdos, también maestros, empiezan a saberse como Teseo, metidos en un laberinto donde no sabne dónde ubicarse y menos qué hacer frente a ese minotauro denominado “Peter Castle” por la inteligentzia limeña.
Patria Roja probablemente la tiene muy difícil, no es baladí decir que se juega la existencia porque la primera vuelta la ha ganado su archienemigo en las gloriosas bases magisteriales. Castillo ha sido, es y será, el ala opuesta de Patria Roja y en el buró -donde alias Alberto Moreno sigue como jefe del Directorio- sudan frío porque todo indica se acerca el fin de la hegemonía en el Sutep y el control de la Derrama, ese bien logrado proyecto empresarial que ha dado tanta buena vida a sus dirigentes. Si “Pedrito” llegase a la presidencia simplemente los días de los herederos de Horacio Zeballos en el Sutep se extinguen. El Conare y otros aliados de Castillo esperan tranquilos el momento. La toma del Sutep por asalto ya llega.
Verónika tampoco es que la tenga fácil. Veamos. Si Castillo gana en la segunda y se convierte en el presidente-rondero, ¿qué será de Verito en el futuro cercano?, ¿Ustedes creen que le quede espacio en un gobierno con Castillo-Cerrón? La política es el arte de lo que no se ve y en eso los marxistas son unos artistas. Vero corre el riesgo de ser borrada de la faz de la política peruana como en su día fue borrado Trosky de aquella imagen junto a Lenin, cuando fue León el amo y señor de los Soviets y fue él y no Vladimir quien inventó la técnica del golpe de estado. O sea: hizo todo. ¿Y Arana?, ni qué decir. Sin palabras porque su futuro es más sombrío que aquel cielo limeño que vio Melville cuando dijo que Lima era la ciudad “más triste”.
El bloque caviar también pierde por una razón sencilla. Si hasta ahora existen es por la dialéctica fujimorismo-antifujimorismo y como en aquel principio de Engels, la misma fuerza que le dio vida, la misma fuerza le dará la muerte. Si el fujimorismo se diluye ¿dónde irán a terminar los Gino Costas, los De Belaúndes, los Ocrams, los Curwen si hoy tienen pantalla solo porque son antifujimoristas?, ¿O díganme si Gino Costa inventó la vacuna contra la Covid-19 como para que se mantenga vigente? Curwen ese personaje misterioso que sabe tanto de Maquiavelo como del pretérito pluscuamperfecto tiene incluso libro contra el fujimorismo y camioneta por el antifujimorismo. ¿Se rendirán los caviares -hoy sin capacidad ni fuerza de negociación- a los radicales y los aliados de Castillo de quienes hablaban pestes? Difícil.
No es cosa sencilla ni menuda. La izquierda nunca fue unida y presiento que esta nueva-otra elección tampoco será un momento de unidad porque ni en el cielo existe tal promesa. Lo cierto es que Castillo y su victoria empieza a develar debates un poco perdidos que es momento de rebuscar. La izquierda está en un diván y hay que reírse un poco de su ansiedad, mientras comemos canchita los que estamos en la tribuna.

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