Nueva generación, nueva Constitución

A lo largo y ancho del territorio nacional, raudos, los jóvenes empiezan a empoderar un nuevo objetivo, una nueva demanda: ¡NUEVA GENERACIÓN, NUEVA CONSTITUCIÓN!

Quienes hasta hoy se siguen sirviendo de la Constitución fujimorista, pegan el grito al cielo y hacen circular por redes y medios de comunicación toda clase de vaticinios apocalípticos, recurriendo a medias verdades y mentiras universales.

Como tienen terror a perder una serie de goyerías, en lugar de ampliar los espacios para encausar democráticamente el debate, han empezado a satanizar a quienes promueven que el Bicentenario Patrio sea conmemorado con la elaboración de una nueva Constitución Política.

A ese respecto, es importante que los candidatos que proponen una nueva Carta Magna no se queden en la consigna y empiecen a precisar, sin grandes discursos ni extensas fundamentaciones, qué es lo que se desea cambiar y por qué.

¿Es necesario cambiar todo el modelo económico o solamente eliminar todos los recovecos constitucionales y legales en que se basan los mercantilistas corruptos para sacarle la vuelta al país y después arrogarse el mérito de los logros alcanzados minimizando el sacrificio y el aporte de la gran mayoría de peruanos?

¿Cuáles son las cuestiones básicas a modificar para que la economía social de mercado sea real? ¿Hay otro modelo creíble? ¿Cuáles son sus referentes? ¿Cuáles son sus resultados?

¿Es necesario que la Educación y la Salud públicas tengan preminencia real? ¿Cómo plasmarlo en una nueva Constitución?

¿Tenemos derecho a que el Perú obtenga mayores beneficios por la extracción de sus recursos naturales? ¿Y dejar de ser neto exportador de materias primas? ¿Y mejorar las condiciones en las relaciones comerciales internacionales sin dejar de ser realistas?

(Ojo: hemos pasado a estar entre los primeros países en el mundo en contar con las mayores reservas de litio, mineral blando que es el nuevo oro porque constituye la base de la nueva revolución energética que se impulsará en el mundo con tecnologías limpias. ¡Y todos están calladitos! ¿Qué traman? ¿Lo mismo del gas de Camisea?).

¿Requerimos evitar de manera urgente que las grandes empresas transnacionales de servicios eléctricos, telefonía y la banca privada nacional y extranjera, comercializadores de alimentos, etc., sigan imponiendo malas prácticas empresariales y que los organismos supervisores sean sus cómplices? ¿O no?

¿Por qué no debemos tener una banca de fomento para diversas actividades de producción fundamentales como la pequeña y mediana agricultura, y la pequeña y mediana industria? ¿Por qué sí es bueno que otros países –incluido EE UU–, tengan políticas proteccionistas para algunas de estas actividades y el Perú no?

Una nueva Constitución Política zanjará también la “incertidumbre” sobre la vacancia por “incapacidad moral permanente” que los poderosos blanden como una verdadera espada de Damócles cuando logran alinear una mayoría en el Tribunal Constitucional, que se acaba de lavar las manos sobre la contienda competencial en el caso del golpe de Estado perpetrado contra Martín Vizcarra.

Pero, no solo eso. Hay muchos otros temas cruciales y aspectos centrales que deben ser contemplados en una nueva Constitución.

Por eso, claro que debemos alegrarnos que los jóvenes asuman el reto de luchar por una nueva Constitución, pero resulta indispensable que conozcan que una nueva Carta Magna es un nuevo pacto social en el seno de la República y que, por tanto, se requiere la construcción de grandes consensos, porque no todos pensamos igual.

Es necesario que sepan que para llegar a una nueva Constitución Política, y por lo que está en juego, los poderosos querrán imponer la fuerza de sus campañas “mete-miedo” y mentirosas, para variar, y que las mayorías nacionales solo tienen la opción de anteponer a esa fuerza, la razón. Ni el conservadurismo ni las ideas trasnochadas extremas tienen lugar hoy.

Entonces, resulta fundamental armarse de razones para saber por qué y cómo se llega al logro de una nueva Constitución y los candidatos presidenciales, al congreso, etc., tiene la obligación de empezar a hablar de manera directa, concreta y sustantiva.

Hay varias formas de cambiar la Constitución, una de ellas es a través del mismo Congreso, mediante los mecanismos y procedimientos vigentes, que es lo que se ha venido haciendo hasta hoy, más a manera de parches que den la sensación de reforma antes que de un cambio pensando en la necesidad de consolidar la República.

Otra opción y la más recomendable, por su carácter de poder directo y legítimo para ese propósito, emanado directamente del soberano –que es el pueblo–, es la elección de una Asamblea Constituyente.

A los jóvenes de la Generación del Bicentenario: de cualquier forma que los consensos permitan acceder a una nueva Constitución, el asunto básico y fundamental pasa por saber elegir bien a las nuevas autoridades del Poder Ejecutivo y del Legislativo en las próximas elecciones generales, y, por supuesto, la elección de buenos congresistas constituyentes en su momento.

¡Estamos avisados!

 

 

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