¿Momento constituyente o destituyente?

El gobierno de Pedro Castillo busca con desesperación propiciar el llamado momento constituyente. Cree que una asamblea para una nueva Carta Magna podría librarlo de la andanada de denuncias sobre corrupción que amenaza con arrasarlo. El road show que ha montado bajo el eufemismo de “consejos de ministros descentralizado” tienen ese principal objetivo que le viene costando casi 20 millones de soles a los peruanos.

El manido argumento utilizado que “el pueblo demanda” una nueva constitución, no es, necesariamente, verdad, aunque sospechosas encuestas delivery, elaboradas a medida, salgan a circulación para insinuarlo. La evidencia empírica dice otra cosa.

Existe un enorme sector de la ciudadanía que no apoya la idea en estos momentos la propuesta constitucional, pues su lista de prioridades es otra en un contexto de crisis nacional e internacional. La Constitución no se come, no calma el hambre de los niños, no llena las ollas. Pero, el gobierno no tiene la capacidad para entenderlo o no quiere hacerlo, más ocupado en su agenda particular.

En la propia sierra sur, bastión castillista en las pasadas elecciones generales, actualmente la decepción es profunda a causa de la enorme incapacidad gubernamental para cumplir sus promesas de campaña. La gente que siente los apremios en el bolsillo y en el estómago, ya lo dice sin ambages en calles y plazas.

La ineptitud gubernamental llega a términos increíbles. Ni siquiera puede conseguir un ministro decente, con un mínimo de expertise, que pueda manejar el desfalleciente sector agrícola en plena emergencia alimentaria mundial que afectará precisamente a los más pobres, a los que Castillo dice defender. Los dos últimos personajes designados en ese ministerio tan delicado, son de campeonato. Y se sabe que ahora están a la búsqueda de un nuevo reemplazo.

El paro agrario en supuesto apoyo a la nueva Constitución, convocado hace unas semanas se presentó como exitoso cuando tampoco es cierto. En Ayacucho, por ejemplo, la medida de fuerza solo se acató solo parcialmente y los reclamos fueron variados. Unos dos mil manifestantes llegaron a la plaza de armas para hacer un mitin luego de bloquear las carreteras de acceso a la ciudad, lo cual, como es obvio, sembró temor entre los comerciantes y provocó un cierrapuertas de solo mediodía. Pero eso fue todo. El resto fue alharaca mediática proveniente de los sectores afines al Profesor.

Castillo y su presidente de Consejo de ministros aprovechan las tribunas de los consejos de ministros descentralizados para defenderse de las gravísimas acusaciones de corrupción en su contra y su entorno más cercano. Pero lo hacen de tan mala manera que mejor se quedarían callados.

O se victimizan con la cantaleta del maestro rural humilde, poco eficaz a estas alturas; o salen con falacias risibles, como aquel de que otros gobiernos anteriores robaron y nadie los denunció. Los pecados de otros no hacen santo a nadie. El hombre de Chota y su entorno olvidan que todos sus antecesores, a excepción de Valentín Paniagua, fueron o están procesados y pueden ir a la cárcel.

El tiempo se acaba para Pedro Castillo. El cerco cada vez es más angosto, aunque, de algún modo juegue a su favor el hecho de tener una oposición sin imaginación ni talento político y una ciudadanía desorganizada carente de un liderazgo claro que pueda impulsar una verdadera reacción popular en busca de un mejor gobierno.

Sin embargo, más temprano que tarde, la caída parece inminente. Y, en vez de configurarse un momento constituyente, surge con fuerza el “momento destituyente” el cual podrá estar promovido por una oposición desacreditada, pero a la que el propio Castillo y sus colaboradores ayudan diligentemente con sus enormes desatinos y su gigantesca incapacidad para gestionar. Es buena cuenta, los llamados pro «golpistas» están en el propio gobierno.

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