Los políticos de los plazos vencidos

Faltan pocas horas para saber si los partidos y personalidades políticas que dicen apostar por el cambio en diverso orden de cosas, le demuestran a la inmensa mayoría de peruanos cuál es el verdadero grado de compromiso que tienen con esa exigencia de cambios en democracia –por lo tanto progresivos–, empezando por la cristalización de alianzas con base en compromisos programáticos precisos antes que en exigencias ideológicas.

¿Se puede hacer una alianza, incluso hoy, que apueste por ser gobierno? ¡Sí, se puede!

Quienes ahora pueden hacerlo, ¿están dispuestos a tomar una decisión así de histórica? No lo sabemos.

En las últimas tres décadas ningún partido político activó y acumuló fuerzas de manera saltante, en esa dirección, por lo que nadie tiene derecho a desoír el clamor popular con el cuento de la “dirección correcta”.

Ha sido principalmente la ciudadanía no partidarizada la que ha tenido un papel más protagónico, en los momentos decisivos de la lucha anticorrupción, del enfrentamiento a la “repartija”, y a los abusos laborales y de toda índole, ejecutados por el mercantilismo con el apoyo de un Estado diseñado para ese fin.

Y tengo la impresión que en las próximas elecciones, si no hay una alternativa real de cambio, con un compromiso de este nivel, los narcisitas y los amantes de los partidos políticos “de culto” que dicen estar contra este orden de cosas, pero limitan la acción política a la elección de un puñado de congresistas, terminarán estrellándose contra la realidad, pues la ciudadanía puede ahora tener una reacción atípica en las urnas, más allá de las consignas partidarias.

¡Y nadie tendrá autoridad para ningún reproche!

Quienes quieren perpetuar este orden de cosas presentándose como cartas salvadoras, y que son los mismos que se han atrevido en plena pandemia a desestabilizar el país al punto de orquestar un golpe de Estado, abortado gracias a la firmeza ciudadana, hacen la finta de estar divididos y ponen en circulación varios globos de ensayo con el fin de confundir a la ciudadanía.

Sin embargo, la ciudadanía sabe que Keiko Fujimori, Roque Benavides, Alfredo Barnechea, César Acuña, Daniel Urresti, Fernando Cillóniz, George Forsyth (por lo menos, mientras la batuta esté en manos de su papá), y Hernando de Soto, entre otros, son cartas que tiene el mercantilismo para que todo continúe como está.

El mercantilismo y sus operadores no han dejado de hacer antipolítica durante la pandemia y se organizaron bien. Distrajeron y confundieron a más de un político de la cera de enfrente, y aún ahora lo hacen con el fin que la “democracia” que proponen tenga los suficientes grilletes como para impedir que la voluntad popular sea respetada.

Los políticos que se reclaman defensores de las demandas populares justas, y del clamor por refundar la República con la que soñaron los precursores y próceres de la Independencia burlados por los criollos, representados hoy por el mercantilismo, deben reconocer que si no avanzan a niveles importantes de consenso ciudadano para construir alternativas de gobierno, su papel, irónicamente, terminará siempre reducido a ser funcionales al sistema que tanto desean revertir.

¿Keiko y compañía no representan en nuestra escena política a los mercantilistas que hicieron lucrativo negocio con las farmacias y boticas, con las clínicas privadas, con los bancos tragasueldos, con las empresas privadas de servicios que meten la mano al bolsillo de los usuarios? ¿A los que nos dejaron un sistema de salud y sanitario absolutamente precario mientras robaban ingentes millones?

¿No son ellos los que no dejan surgir emprendimientos sanos? ¿No son ellos los que han alentado la proliferación del crimen y del robo como un “estilo” de vida?

Pero, claro, durante los meses de julio y agosto, sacaron banderitas blanquirojas y mensajes encendidos de patriotismo diciendo que aman al Perú y que están con su pueblo en todas las circunstancias; mientras los preparativos del fallido golpe de Estado iban viento en popa.

¿Y no son los dueños de los “grandes” medios de comunicación (y también algunos chicos), quienes hasta hoy siguen siendo alcahuetes interesados en tapar toda esta podredumbre?

¿No es contra todo eso que es posible forjar amplios consensos hoy?

Como quiera que fuere, terminado este plazo y las posibilidades aprovechadas o no, tengo la convicción que en el mediano plazo la ciudadanía dará curso a la conformación de, por lo menos, una nueva y gran organización política, cuyos planteamientos y prácticas serán verdaderamente convocantes del apoyo popular.

Lo más importante, hoy, es que existen evidencias claras de que en las próximas elecciones generales la ciudadanía no se dejará sorprender por la mafia, por más que juegue a intercambiar caretas para luego recalar en una sola corte.

Cómo será de sabia la naturaleza que solo ha necesitado de una molécula (SARS-CoV-2), que produce la COVID-19, para demostrarnos que incluso en casos extremos, a los poderosos no les interesa la vida de los demás, ni la patria, ni la humanidad; solo enriquecerse a cualquier precio.

¡Es hora de que reaccionemos en consecuencia!

(*) Periodista colegiado. Registro CPP N° 1288

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