Los errores en la lucha contra la pandemia

Conforme pasan los días surgen más evidencias de los graves yerros de la estrategia gubernamental en la lucha contra la COVID-19. El virus no ha podido ser aislado como recomiendan los expertos y la gente con falsos negativos sigue muriendo luego de propalar el virus a causa de los resultados engañosos de las pruebas rápidas.

Lo grave es que no hay indicios de rectificación. Con terquedad, se persiste en un conjunto de medidas que está llevando al fracaso la guerra contra la pandemia, pese al enorme esfuerzo de la mayoría de la población que cumplió los mandatos de las directivas sanitarias. Pero la cuarentena no puede mantenerse indefinidamente.

Es cierto que el COVID-19 ha puesto en jaque a países del primer mundo que, pese a sus mayores recursos, sufrieron miles de víctimas. Pero existe una causa visible que los llevó a tales extremos cosa que no ocurrió en el Perú.

Al principio de la pandemia, los gobiernos de esos países priorizaron los aspectos económicos por sobre la defensa de la vida; decretaron el aislamiento social y medidas sanitarias más rígidas demasiado tarde, cuando ya los muertos se contaban por cientos y el contagio era incontrolable. Ese es el caso de Italia, España, Francia e Inglaterra y el propio Estados Unidos, sin contar aún a Brasil.

En cambio, el gobierno de Vizcarra reaccionó a tiempo, hay que decirlo con todas sus letras. Decretó la cuarentena en el momento propicio, pero allí quedó la cosa. Lo que hizo con una mano lo borró con la otra. Lo que siguió en la estrategia anti COVID-19 fue una sucesión de errores.

Primero, el “pico y placa” por género que generó enormes tumultos en los mercados cuyas consecuencias se están pagando ahora. Las víctimas mortales de las últimas semanas se contagiaron por esos días y, por ende, se convirtieron en vectores exponenciales de contagio.

Segundo, la terquedad gubernamental de persistir en las pruebas rápidas que no detectan virus, sino anticuerpos. La OMS y otros organismos sanitarios no lo recomiendan, pero el Perú la usa empecinadamente mientras la gente continúa muriéndose engañada por los falsos negativos. Estas víctimas, antes de expirar, han seguido contagiado sin saberlo. Parece que algo tan simple y lógico no puede ser comprendido por las autoridades sanitarias y los áulicos.

Tercero, se tardó demasiado en detectar los centros de contagios, pese a los evidentes y reiterados reportajes de los medios de comunicación que lo mostraban hasta la saciedad. Desde la Semana Santa se sabía que los mercadillos de las zonas periféricas de la ciudad eran temibles bombas de tiempo; un ejemplo es San Juan de Lurigancho. Y es allí donde están la mayor cantidad de contagiados en estos momentos; las estadísticas de EsSalud lo dicen. Lo mismo ocurre en las ciudades de provincias. ¿Ya fueron a testear a la población de esas zonas?

Cuarto, los discursos con medias verdades. Mientras surgen innumerables denuncias sobre la falta de atención a los contagiados y el colapso de los hospitales, incluso en medios internacionales, el presidente Vizcarra y las autoridades sanitarias sigue hablando en tono triunfalista y sostienen de que están adoptando las medidas adecuadas frente a la pandemia, cosa dudosa si se evalúan los resultados.   

A la luz de lo ocurrido en los últimos días, el pico estadístico de la pandemia aún está lejos. Y todavía más lejos la curva decreciente. Mientras tanto, a los peruanos solo les queda encerrarse y rogar que el virus no lo alcance.

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