Los damnificados del Lagarto

La delicada situación en la que ha quedado Martín Vizcarra luego de que fuera descubierta la mentira sobre su vacunación, no solo mellarán sus intereses, sino que afectará a otros muchos. En su caída, el exmandatario arrastrará aspiraciones políticas y personas que, por ingenuidad o conveniencia, seguían defendiéndolo con “ceguera supina”.

Los primeros afectados serán, sin duda, Daniel Salaverry y Somos Perú. Los cálculos políticos con los que Vizcarra fue convocado para ocupar el número 1 de la lista congresal, fallaron estrepitosamente y el moqueguano, ahora, lejos de ser una catapulta electoral, ha pasado a transformarse en una rémora.

El expresidente ya no será la locomotora ansiada por el movimiento fundado por Alberto Andrade, sino una pesadísima ancla que los jalará a las profundidades de la derrota. De tal modo que hasta pasar la valla electoral del próximo 11 de abril será tarea casi imposible para Somos Perú.

Al desgaste natural del gobierno morado y a sus propios pasivos personales, Guzmán debe sumar ahora la pesada mochila del affaire Vizcarra. En esas condiciones, correr con ese bulto en la contienda electoral no le será nada fácil.

Otro al que le costará limpiar su imagen de “vizcarralovers”, asumido por voluntad y conveniencia propia, es al Partido Morado en su integridad. En la práctica fue la bancada oficialista mientras Martín Vizcarra estuvo en Palacio de Gobierno y lo defendió a capa y espada en cuanta oportunidad se presentó.

Aún se recuerda los desesperados esfuerzos del congresista Gino Costa para evitar la vacancia del exmandatario en noviembre pasado. ¿Estará arrepintiéndose ahora del triste papel de escudero que asumió? Porque ahora ya no caben dudas, Vizcarra se merecía ese final, pese a la mediocridad parlamentaria o cualquier otra consideración. A estas alturas la inmoralidad permanente del exmandatario es una certeza.

Tampoco se puede olvidar el comunicado morado, emitido en medio de la batahola de las marchas callejeras de noviembre, proponiendo, nada menos, que Vizcarra sea repuesto en el cargo de presidente de la República. Un desatino mayor a la luz de todo lo ocurrido en los últimos días.

El que debe estar dándose de cabezazos es el candidato Julio Guzmán quien arriesgó el pellejo para defenderlo de la vacancia y fue uno de los públicos promotores de las marchas de noviembre. Con eso, los problemas para levantar su campaña, aún alicaída, se han multiplicado.

Al desgaste natural del gobierno morado y a sus propios pasivos personales, Guzmán debe sumar ahora la pesada mochila del affaire Vizcarra. En esas condiciones, correr con ese bulto en la actual contienda electoral no le será nada fácil. Así es cuando sucede.

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD