La fuerza del voto

Las marchas juveniles de noviembre, pacíficas a nivel nacional, excepto en Lima, son una muestra del hartazgo social de una clase política que solo ha sabido proveer vergüenza internacional y atraso social. Al final de cuentas, son ellos los responsables del embalse hepático de la sociedad y tendrán que pagar las consecuencias de sus fechorías políticas (y criminales), con una triple pena: de la justicia, de la sociedad y de la historia.

Sin embargo, los ciudadanos no podemos ser relevados de la responsabilidad de la calidad de políticos que tenemos. Inclusive, los que están en el partidor de las próximas elecciones, “entusiasmados” con “servir(se)” al país, lo hacen convencidos de que allá afuera, en las calles, hay un votante dispuesto a darle (nuevamente) una oportunidad para meterle la mano al bolsillo, aunque le arranquen después el corazón.

El momento que vivimos, con todas sus falencias, debe ser una oportunidad para cambiar el rumbo histórico de la patria y, para eso, todos debemos ponernos serios. Los partidos deben esforzarse por darnos lo mejor de su vitrina y que el común denominador de sus candidatos sea la integridad (reclamada por la juventud, además), y las capacidades, tanto para la Presidencia de la República como para el Congreso; y las autoridades dando muestras de imparcialidad, y que los procesos de las elecciones son indiscutiblemente el reflejo de la voluntad popular.

Hacen bien algunos ministros del gabinete Bermúdez en alejarse estratégicamente de temas polémicos y malintencionados como la reforma policial (en vez de plantear su fortalecimiento institucional), el cambio de la constitución (en vez de plantear otras fórmulas para perfeccionarla), y otras que pretenden utilizarlas en la campaña, aun sabiendo que no alcanzaría el tiempo para el debate nacional que las propuestas requieren.

El verdadero castigo que debemos darles a los facinerosos que pretenden seguir lumpenizando nuestra política, es dejarlos con los “crespos hechos”. Estos políticos creen que los votantes actuarán por mendrugos o por consigna partidaria, “invertirán” muchos recursos en propaganda, paneles, carteles, ofreciendo el “oro y el moro” con la esperanza de que los votantes coronemos sus ambiciones para encumbrarlos en la cima del poder, pero debemos darles el portazo en la cara negándole el voto. Con ello quedarán en la quiebra, endeudados, con muchos problemas y tendrán que reinventarse para saldar sus compromisos, alejados felizmente de la política decente.

Por lo tanto depende de nosotros; el cambio estará en nuestras manos cuando vayamos a las urnas y segundos antes, nuestra reflexión sea si nuestro candidato (a) merecen nuestra fidelidad ciega, requiere el descanso político o deben ser lanzados al basurero de la historia. ¡Tu voto es tu historia!

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