La fallida estrategia de Farid

Sonaría a broma de mal gusto, pero es una lastimosa verdad. La semana pasada, en medio de la durísima guerra sin cuartel contra la pandemia, se aplicaron medida restrictiva a las salidas de hombres y mujeres durante la cuarentena, tomando en consideración nada menos que “la igualdad de género” y “la lucha contra el patriarcado”. El resultado: un pandemonio en los centros de abastos de alimentos de todo el país.

¿Cuántas personas se contagiaron esos días de caos y descontrol? Solo el tiempo lo dirá. Al cabo de ocho o diez días se conocerán los fatídicos resultados de la malhadada idea de juntar papas con camotes en la estrategia contra el coronavirus que debería tener como único objetivo supremo preservar la salud y la existencia de absolutamente todas las personas sin distinción de sexo, raza o condición social.

¿Qué tenía que ver “la igualdad de género” o la “lucha contra el patriarcado en la guerra contra el COVID-19? Poco o nada. En este momento crucial el virus es el enemigo por vencer, es el monstruo invisible que amenaza a varones, mujeres, homosexuales, transexuales y las personas de cualquier orientación sexual.

El patriarcado o el machismo no son responsables del coronavirus como para tomarlo en considerarlo en el diseño de las estrategias contra la pandemia. El virus llega únicamente a destruir lo más valioso del ser humano: la vida. Pero, a los pensantes palaciegos se les olvidó ese pequeño detalle.

Nadie con dos dedos de frente en el Perú podría estar en contra de los derechos igualitarios entre hombres y mujeres. ¿Pero era oportuno abordarlo? No. Tiempo habrá más adelante para construir una sociedad más justa y con igualdad de derechos para unos y otros. Ahora urge solo una cosa: derrotar al Covid-29, señor Matuk.

Es altamente probable que, en unos días más, cientos de personas, sino son miles, comenzarán a sucumbir por obra y gracia de los cálculos interesados y tendenciosos de un asesor que perdió la perspectiva por priorizar temas que tienen aristas aún debatibles. Los deudos de las personas que fallezcan a causa de este descomunal yerro se lo agradecerán entre lágrimas.

El presidente Vizcarra y su propio gabinete tendrán que asumir el costo político del tremendo desatino. Veremos. Dice el dicho: los muertos que habéis matado gozan de buena salud. Esta vez no será así, estarán bien muertos.

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