La estupidez es una enfermedad extraordinaria

“LA ESTUPIDEZ ES UNA ENFERMEDAD EXTRAORDINARIA, NO ES EL ENFERMO EL QUE SUFRE POR ELLA, SINO LOS DEMÁS” (VOLTAIRE).
François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire nació en Paris el 21 de noviembre de 1694 y falleció el 30 de mayo de 1778 inmensamente rico. Fue escritor, historiador, filósofo y abogado francés. Se le atribuye el dicho no comprobado de: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”; sin embargo, una de sus frases sí es la que empieza el presente artículo.
Cabe preguntarnos qué tan estúpidos podemos estar, hasta cuánto podemos resistir y qué debemos hacer para revertir la enfermedad. Y digo enfermedad porque la estupidez ya ha sido considerada una patología dentro del abanico de las enfermedades, conforme lo ha demostrado un grupo de investigadores de la Universidad John Hopkins, en colaboración con la Universidad de Nebraska, quienes aseguran haber descubierto el virus que convierte en estúpidas a las personas a quienes les afecta.
Incluso las investigaciones realizadas por científicos de la Universidad Lornand, en Hungría y la Universidad de Baylor en Texas, nos refieren que hay tres tipos de estupidez en tres respectivos grados:
“1. Ignorancia – confianza. Este grado es el más alto de estupidez y aparece en aquellas personas que asumen situaciones de riesgo (de cualquier tipo) a pesar de que carecen de las habilidades o conocimientos necesarios para resolverlas. Curiosamente, son conscientes de las consecuencias que pueden suceder.
2. La falta de control. Es el grado medio de estupidez. Se corresponde con aquellos sujetos que tienen un comportamiento obsesivo compulsivo y carecen de autocontrol.
3. Distracción. El grado más leve de estupidez. Aparece en aquellas personas que no solventan una tarea práctica debido a una distracción o porque carecen de las destrezas necesarias para llevarla a cabo”.
Con este alcance, exhorto a cada lector a ubicarse y a identificar a cada uno de nuestros líderes de la política nacional e interrogarnos, especialmente en circunstancias como las obtenidas en el Parlamento la semana pasada ¿Quiénes son los enfermos, quienes son los que sufren y quiénes ignoran que son estúpidos?
Lamentablemente aún no hay cura para esa enfermedad y hay estúpidos en todos los estratos culturales y económicos. Obviamente los hay en las corrientes políticas y en cualquier zona geográfica, y probablemente usted pueda pensar que yo mismo adolezco de algún tipo de estupidez al no estar de acuerdo con lo escrito, pero la diferencia es que sí me doy cuenta y sé también quiénes creen que han sido astutos con su perorata expuesta en el claustro del legislativo y que a esta hora aún deben estar con una sonrisa de oreja a oreja, y como también sé que hay los estúpidos que defenderán hasta la muerte lo expresado por aquellos y no dudo que aún hay algunos que ni siquiera se han dado cuenta de lo que votaron…con el perjuicio que ello le causa al Perú. Pero me quedo con la dicho por A. Einstein, “Al estúpido hay que ponerle límites”.

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