Generación y gestión del Bicentenario

«Propiamente hablando, el Perú no tiene administración ninguna: es un buque en el cabo sin velas y sin timón…nadie obedece a nadie y todos aborrecen a todos» (Tomás de Heres, Jefe del Estado Mayor del Ejercito Libertador hace más de 200 años, en República sin ciudadanos-Alberto Flores Galindo )

Francisco Sagasti Hochhausler en la presidencia de la República, conduciendo un gobierno de transición hasta el 28 de julio de 2021, es consecuencia de la suma de voluntades individuales que se sumaron en manifestaciones masivas, durante una semana. Provocando, además, que los medios de comunicación, de todas las tendencias, se apuren en cubrir la protesta social, estableciendo una retroalimentación ciudadana y un sujeto social activo. Los medios de comunicación que conocemos, fueron la caja de resonancia de la comunicación gestada en las redes sociales juveniles.

Este escenario es consecuencia del ímpetu y la fuerza juvenil en las principales ciudades del país, asentadas en los jóvenes de las universidades e institutos, pero que corresponde principalmente con la generación centennials o la generación Z, y donde los millenials (generación Y), aparecen como antiguos. Qué decir de los que nos movilizamos en los 80, 90 y 2000, por cosas muy parecidas. Pero la protesta ciudadana de hoy, siendo fresca y con nuevos aires, muestra al país a un permanente retorno a problemas públicos, de fondo, por resolver.

La irrupción de estas generaciones juveniles requiere ser profundizado en la investigación y el análisis que delimite con mayor propiedad este hecho social. Algunas aproximaciones iniciales mostrarían que los centenials a diferencia de los millennials, no conocen la vida sin smartphones o Internet, lo que influye en lo cultural, la manera como ven la vida, su ubicación, sus relaciones y la forma de adquirir productos y servicios. Se les identifica como una generación que les gusta aprender por su cuenta y que son creativos e innovadores.

“En un mundo digitalizado en el que se va instalando el poder de las nuevas tecnologías, el adolescente fomenta la comunicación interpersonal a través de cyberintermediarios, tecnificando la naturaleza socioconstruida de sus vínculos”, dice Manuel Castells, en la Era de la Información. Luego, afirma que la potencialidad de esto es que cada persona puede construir su red de redes de comunicación y así escapar del control ejercido por las empresas y los gobiernos a través de la información.

Temas para profundizar desde las ciencias sociales y políticas, sobre a lo que estamos asistiendo con esta Generación Bicentenario, pero también sobre sus lemas o consignas de la movilización que plantean la jubilación de lo que tenemos hoy día por políticos y partidos “todos somos peruanos y, por eso, nos defendemos de los corruptos y sus leyes abusivas e injustas”; “Ni Merino, Ni Vizcarra”; “Se metieron con la generación equivocada”.

Este halo de esperanza ojalá alcance para verlo reflejado en la elección de las autoridades políticas que elegiremos en abril de 2021 y luego en el 2022 a autoridades regionales y municipales. Eso constituiría un cambio importante no sólo en busca de un voto informado, sino de la lucha contra la corrupción y en mejorar la gestión pública.

¿Este activismo de las redes sociales que se concreta en movilización de los ciudadanos, dará para una renovación política generacional? Ojalá, los resultados de la elección de abril pueden ser los primeros indicadores que vamos en esa línea. Lo que si se debe promover y ordenar es la deliberación pública juvenil, desde sus medios nativos-digitales, en busca de esos nuevos políticos para la renovación de la política, pero, sobre todo, para mantener fresca la memoria del pasado inmediato y seguir construyendo y recreando la agenda política sobre los problemas principales del país.

Respecto de la gestión para el Bicentenario, el presidente Sagasti ha sido explícito sobre los principales encargos que tiene el gobierno de transición: elecciones limpias y transparentes; combatir la pandemia, la reactivación económica, educación y la seguridad ciudadana. Sin embargo, lo central es lo que fueron sus primeras palabras: “sentar las bases” para el gobierno del bicentenario desde lo institucional, la reforma política y electoral, y la lucha contra la corrupción.

Precisamente, para que los peruanos no vuelvan a recordar a Tomás de Heres en los próximos 100 años, sentar las bases de la ciudadanía y la República del Perú implica que este gobierno de transición tiene que ser o establecer acciones que marquen un punto de quiebre. Hace 20 años, Valentín Paniagua planteó en su mensaje de asunción a la Presidencia de la República que buscaba: “…contribuir de manera decisiva a la reconstrucción y reinstitucionalización democrática que los diversos sectores políticos del país han emprendido en la Mesa de Diálogo facilitada por la OEA…Debe inspirarse, precisamente por ser democrática, en la concertación, en el diálogo y en la búsqueda del consenso”. Así, Paniagua sentó las bases y sembró el germen del Acuerdo Nacional como el espacio para concertar políticas de Estado.

Hoy, en vez de un proceso constituyente, nos plantean un proceso instituyente. Igual como lo señaló hace dos décadas Paniagua: “…la reinstitucionalización democrática presuponen un empeño colectivo”, para luego pasar a convocar a todos los sectores del país y, en especial, a los jóvenes.

Cuatro lustros después de Paniagua, pareciera que estamos en un punto de retorno, ayer contra la corrupción y el gobierno oscuro de Montesinos y Fujimori; hoy con nuevos corruptos, casi todos los presidentes constitucionales que precedieron a Paniagua y muchas autoridades políticas. Toca sentar las bases ciudadanas y republicanas que nos lleven a alcanzar la confianza, el diálogo democrático, la deliberación pública y la gestión pública eficiente; y donde de verdad todos seamos iguales ante la ley.

Se trata, en suma, recordando a Basadre, de que la República supere el abismo entre el país legal y el país real.

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