Ganó el mercantilismo corrupto

Si en una situación de crisis sanitaria y económica, como la actual, lo que necesita el Perú es priorizar la protección de la población y replantearse la reactivación económica con un fortalecimiento inteligente del mercado interno y la apertura al mercado externo con reglas claras y realistas, asignando al Estado un rol eficiente y eficaz para beneficio de los ciudadanos y del país; los resultados electorales de ayer constituyen un verdadero revés.

Y lo son porque, en apariencia, hemos quedado frente al radicalismo verbal, pero sin propuestas realistas y coherentes de Pedro Castillo; y, al frente, la corrupción sin aspavientos ni disimulo –si van a la segunda vuelta Keiko Fujimori o Rafael López–, o el conservadurismo de la derecha edulcorada que representa Hernando de Soto, quien asesora cómodo y gustoso en los predios de las dictaduras y la corrupción.

Sin embargo, y más allá de que algunos analistas y opinólogos pretendan dorarnos la píldora, hablando sin descanso de los ficticios escenarios políticos de la segunda vuelta, la suerte ya está echada: Pedro Castillo era el candidato deseado por los corruptos para una segunda vuelta con cualquiera de sus representantes.

Tan desconcertado está Castillo, que hoy ha convocado “a todos los demás contendores” y a sus bases “para unirnos”; pero, en algún momento tendrá que darse por enterado que el conservadurismo y los corruptos tienen ya mayoría en el Congreso de la República y la sartén por el mango.

Alimentar falsas expectativas de que cualquier cosa puede pasar en la segunda vuelta, es una manera cruel de prestarse al juego de conservadores y corruptos, contra el pueblo, cuando ya sabemos qué es lo que va a ocurrir.

La realidad nos revela que en el país “más preocupado” por la corrupción y que incluso considera como “una prioridad” su enfrentamiento, alrededor de 3 millones de peruanos (entre votantes de Keiko y López), decidieron por candidatos corruptos o proclives al delito.

Es verdad que se puede argüir que muchos de los votos alcanzados por López provienen de los enemigos de la inexistente “ideología de género”; pero, es cierto también que los exhibicionismos, vengan de donde vengan, siempre van a generar reacciones adversas cuando son utilizados y manipulados en los escenarios políticos electorales.

Cerca de dos millones de electores, aproximadamente, han votado (por De Soto, Lescano y otros), con el criterio que da lo mismo que las cosas sigan igual o peor, por el miedo a la “otra Venezuela”, mientras que más de dos millones de ciudadanos, sobre todo de los pueblos más pobres del Perú, han votado por Pedro Castillo, creyendo que él representa mejor su protesta y su indignación contra la miseria, el olvido y el abuso, sin reparar en las razones por las que su campaña recibió importante apoyo mediático de la prensa antiVERO.

Mientras que sumamos alrededor de un millón de ciudadanos los que hemos votado por Verónika Mendoza y las propuestas coherentes y posibles de cambio en democracia, que explicó en todas las oportunidades que pudo hacerlo, con el aplomo, la coherencia y la convicción que ya se le reconoce.

Es verdad que los poderosos y su prensa, así como sus operadores en redes sociales, centraron su contracampaña en VERO, levantando miedo con aquello de “otra Venezuela” o la “emisión inorgánica” de dinero, entre otros fantasmas que ella se encargó de desmentir una y otra vez; pero, además, está claro que a la campaña de VERO la inmovilización social por la pandemia le ha costado caro, entre varios otros factores que de seguro ya están siendo inventariados.

En términos prácticos, los resultados electorales de ayer constituyen un triunfo del mercantilismo y de sus expresiones políticas más corruptas, principalmente, pues tanto Keiko Fujimori como Rafael López tendrán el número suficiente de congresistas para hacer lobby a favor de sus non sanctas urgencias pro impunidad, evasión de impuestos, exoneraciones tributarias, así como para atender las exigencias de sus socios.

Si a ellos, que saben moverse en esos ámbitos, sumamos los votos de los congresistas que tendrán Hernando de Soto, Acción Popular y los demás partidos defensores del statuo quo, entonces nada nuevo habrá mañana bajo el sol.

Lo único concreto es que la lucha política en el Congreso de la República estará marcada por el control político, la demanda de nueva Constitución Política, coherencia o no en la formulación de iniciativas legislativas, denuncia contra las repartijas y proyectos de ley mercantilistas y vendepatria, derogatoria de leyes que atentan contra los interses de los ciudadanos, así como denunciar y bloquear las acciones legales proimpunidad y otros aspectos que serán respondidos por los conservadores con la contundencia de sus votos.

Vamos pues, a un escenario político más polarizado, que de seguro se verá reflejado en las regiones y en las calles, contra lo que quiere el pueblo que se debate entre la vida y la muerte en plena pandemia. ¡Ah, contradicciones!

Está claro, sin embargo, que mientras el futuro de Keiko puede ser dentro de poco la prisión, y la de López pagar sus impuestos y brindar mejor servicio en el tren a Machu Picchu, a Vero le queda dejar en libertad a sus votantes para la segunda vuelta y retomar las tareas de la creación de Nuevo Perú, como partido político de masas, por un Perú verdaderamente democrático y próspero.

 

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