Evolucionar o involucionar, esa es la cuestión.     

“No estamos evolucionando, sino involucionando. Sufrimos de peoría, mas no disfrutamos de mejoría” (dic 2017- diario el Comercio) Marco Aurelio Denegri, Extinto polígrafo peruano.

El macabro paso del COVID-19 que arrasa vidas, el sistema económico, obliga a cambiar costumbres y hacernos la pregunta: ¿el país estuvo evolucionando o no? Seguramente la discusión sería interminable por la cantidad de argumentos que existen para uno u otro lado; sin embargo, en lo que no tengo ninguna duda, es que aún tenemos cierta consciencia en que estamos obligados a evolucionar para salvarnos de la pandemia.

La grave depresión económica que se cierne como tormenta perfecta sobre el país y la ineficiencia para gobernar y legislar (sí, todo junto) de la clase política, van contra la necesidad de sobrevivencia del pueblo que hoy sufre el incremento dramático de fallecidos y contagiados por el patógeno letal.

¿Es tiempo de reflexionar? Creo que sí. Se trata de hacer una gimnasia filosófica sobre las cosas que deben cambiar para tener la esperanza de saltar la valla alta que deja el COVID 19 y prepararse para la segunda ola o la llegada de la siguiente pandemia.

Es tiempo de repensarnos y, para ello, debemos, lamentablemente, sentarnos a dialogar con quienes no nos gustan o caen antipáticos y concertar hasta con los intransigentes. Los criminales no cuentan en este ejercicio. El propósito es válido, pero muy difícil, aunque por ello no deja de ser el mejor camino para levantar un país en mejores condiciones luego de la debacle que deja la pandemia.

¿Qué podemos hacer para empezar? Empecemos por elegir bien a un gobierno que garantice que la vida humana será la punta de lanza de su plan de gobierno. Obliguemos a que todos aquellos a quienes el poder judicial ha tocado sus puertas, se dediquen a resolver sus asuntos con la justicia. Eso garantizaría que, durante la ardua tarea de evolucionar política, social y económicamente, no nos desgastemos con el circo político al que nos han acostumbrado y retrasar el propósito principal: sobrevivir.

Es momento de evolucionar socialmente con lo que tenemos a la mano. Y hacer que la sociedad organizada en las formas de “juntas vecinales”, “vaso de leche”, “comités de autodefensa”, “rondas campesinas” y cuanto organismo afín a ese concepto haya (antes de que sean capturados por los violentistas), se conviertan en los nuevos “comités ciudadanos de seguridad integral”, desarrollando la primera fase de su estrategia que es la Seguridad Humana.

Este es el paso que necesitamos. Esta es la manera cómo podemos forjar surcos sociales para que la semilla de la inversión desde el Estado, la empresa privada, la iglesia, ONGs, y todos aquellos que quieran contribuir, caiga en tierra fértil (la organización social) de manera directa y no diferida.

Hagamos posible el cambio. Pensemos en evolucionar. La sobrevivencia lo exige y solo lo lograrán, en todos los campos, aquellos que entiendan el desafío que el COVID-19 nos pone hoy en el camino. Los que no lo crean así, serán zombis que el basurero de la historia se encargará de desechar.

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