¿En qué momento se jodió la cuarentena?

Hace pocos días, el gobierno felicitó la férrea labor de los ronderos en Cajamarca durante la lucha contra la pandemia. Y es que la disciplina impuesta por los comuneros ha permitido frenar el avance del virus en esta región que tiene los más bajos índices de contaminación y muertes en el país.

El éxito de las rondas campesinas está basado en el principio de autoridad que la propia comunidad ha entregado a un grupo de pobladores. Ellos, sin discusión alguna, imponen disciplina y hacen respetar las normas, no solo en tiempos de pandemia, sino en épocas de normalidad. No es gratuito que los índices de delincuencia común en esta región también sean bajos y delitos como el abigeato prácticamente hayan desaparecido.

Por eso, con tantos años de experiencia imponiendo disciplina social, no les fue difícil a los ronderos cajamarquinos hacer respetar la cuarentena dictada por el gobierno como parte de la estrategia de lucha contra el COVID-19. Los resultados exitosos están allí y saltan a la vista.

¿Qué pasó con la cuarentena en el resto del país? Muchos miles de personas resquebrajaron las restricciones cuantas veces quisieron. Y, como siempre, han salido los “expertos” de toda laya a excusarlos con el dudoso argumento de la pobreza. Sin embargo, olvidan, esos señores, que Cajamarca está entre las regiones más pobres del país y esto no fue escollo para que cumplieran su rol ciudadano a cabalidad, sin hacer tabla rasa de la inmovilización social y las normas sanitarias.

El éxito de la cuarentena dependía de dos factores: la obediencia ciudadana y, en ausencia de esta, del principio de autoridad. ¿Hubo obediencia ciudadana? Parcial. ¿Faltó principio de autoridad en las fuerzas del orden? Los propios policías y militares saben que, desde hace varios años, el poder político “progre” le está arrebatando atribuciones y facultades para el uso legítimo de la fuerza en casos de urgente necesidad. Los hechos en este caso también saltan a la vista.

El caso del capital del Ejército, Christian Cueva Calle, sancionado luego de cachetear a un joven que se burlaba de la autoridad tras violar el toque de queda, es más que evidente. En la práctica, a partir de ese incidente, las fuerzas del orden fueron arrinconadas por una batahola mediática que extrañamente juntó a “ultraliberales” con “progres”.

Lo que siguió está en la cantidad de videos que difundieron las redes sociales. Mujeres agrediendo e insultando a policías, ebrios pechando a militares y gente que rompía las disposiciones gubernamentales con impunidad. ¿Se jodió allí la cuarentena? Un sector importante de la población opina que sí. Sin embargo, nunca lo sabremos.

La verdad es que el principio de autoridad de las fuerzas del orden resultó socavado y a esto se sumó la desmoralización causada por los actos de corrupción en las compras de los equipos sanitarios de protección indebidos que contribuyeron al contagio de muchos cientos de policías. 

Bajo estas consideraciones es válido preguntarse si mantener la cuarentena hasta finales de junio era lo más aconsejable. La realidad diaria dice que no. La inmovilización social ha quedado solo como una amalgama de letras publicadas en el decreto supremo de “nueva convivencia”, mientras decenas de miles de personas caminan con entera libertad apremiadas por sus propias necesidades y preocupaciones.   

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