En Palacio de Gobierno no saben jugar ajedrez

Un pacto, cualquiera sea su naturaleza, requiere de gestos de buena voluntad de todas las partes, de proactividad y, sobre todo, transparencia. Requiere dejar de lado los enconos, las mentiras, las zancadillas y las “pechadas”. En buena cuenta, requiere que todas las cartas estén sobre la mesa.

El presidente de la República ha hecho un llamado al Pacto Perú; aunque tardío, se trata de acuerdo sustancial en estos momentos dramáticos para el futuro del pueblo peruano. La pandemia avanza sin control en todo el país y la crisis económica agobia todos los bolsillos. Pocas veces como ahora, esa unidad, tan invocada, manoseada y nunca consolidada, es de urgente necesidad.

Sin embargo, no bastan las convocatorias; deben ir acompañadas de señales claras y esfuerzo sincero. Invocar pactos mientras se muestran los incisivos nunca es buen síntoma; un tono conciliador es nada creíble cuando se profieren adjetivos poco amables o se adoptan decisiones menos conciliadoras. Es como mantener las armas en ristre, mientras se intenta firmar la paz.

Si la intención del mandatario es realmente impulsar un pacto, es imperativo que tienda puentes de entendimiento, más allá del discurso. Mantener ministros cuestionados en un nuevo gabinete, y que fueron la causa del baloteo del anterior equipo, no es un indicativo positivo, sobre todo, cuando sobre ellos pesan sendos pedidos de interpelación.

No se comprende, por ejemplo, cuál es la intención de mantener a Martín Benavides en el ministerio de Educación cuando le falló al propio Vizcarra al no cumplir con eficiencia la compra de los tablets para la educación virtual. ¿No fue acaso un importante anuncio presidencial al inicio de la pandemia?  Está claro que la gestión de este hombre fue un rotundo fracaso en un asunto vital.

El argumento de ratificar a Benavides para defender la reforma universitaria es infantil. El señor Benavides no encarna ese proceso, no es el superhéroe insustituible al que se debe blindar a toda costa. Se trata de una pieza de recambio, como los son todos los ministros.

Piensan equivocadamente en la Casa de Pizarro que reemplazarlo sería mostrar debilidad ante el contrincante que, en este caso, es el Congreso. Por eso, decidieron mantenerlo y, de paso, dar otra “pechadita” más para no perder la costumbre; a ver qué sale.

Parece que los asesores del gobierno y el propio jefe de Estado son incapaces de ver más allá de la confrontación. Persistir en una estrategia ahora ya manida, es falta de imaginación y desprecio por el momento que vive el país. En estos momentos, la terquedad presidencial solo podría atizar la hoguera y adiós pacto.

No entienden en Palacio ni sus influencer asalariados que, para viabilizar acuerdos políticos, se requiere, muchas veces, actos de coraje, repliegues tácticos y decisiones que, a simple vista, podrían parecer derrotas, pero, a la larga, son victorias que engrandecen. Es como en la partida de ajedrez en las que, detrás del sacrificio de una pieza menor, está el jaque mate. ¿O no lo saben?

La mejor victoria es vencer sin combatir, dice Sun Tuz. Los inquilinos de la Casa de Pizarro parecen desconocer esta premisa del gran estratega chino; tal vez un lote de ejemplares del Arte de la Guerra para ellos tampoco sería mal regalo.

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