El swing del Congreso

La presencia de Richard Cisneros ante la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República descubrió muchas cosas, menos lo que tenía que descubrir. Se supone que ese grupo de trabajo debería haber sacado las primeras conclusiones sobre las supuestas irregularidades en la contratación de este señor en el ministerio de Cultura y sus vinculaciones con las altas esferas del poder. 

Durante cuatro lamentables horas nada se encontró. Un sujeto sin nivel académico, prácticamente se paseó con los tartamudeantes fiscalizadores, ninguno de los cuales pudo elaborar un pliego de preguntas serio ni adecuado a la función parlamentaria. Con cierta dosis de histrionismo y una pisca de cinismo, el interrogado prácticamente se hizo director de debates. 

De este modo, sin querer queriendo, quedó demostrado algo que ya se venía sospechando hacer rato: el nivel deplorable del actual Parlamento. Si alguien dudaba de la bajísima calidad de la gran mayoría de los actuales congresistas, ahora deben ya tener certezas.

El problema radica, sin embargo, en la crisis de ciudadanía que existe en el Perú, con un electorado irracional para emitir su voto. Si estos parlamentarios están calentado curules ahora es porque hubo gente que votó por ellos. Entonces, es obvio quiénes tienen enorme parte de responsabilidad.

Queda también claro que el asunto no solo es apoyar la disolución de congresos adversos. Como verán este tipo de salidas abruptas constituyen un albur peligroso que puede llevar al descalabro a un país.

Y en ese punto también erró un grueso sector de la ciudadanía que, llevado por el discurso de quienes detentan ahora el poder, creyeron que así llegarían a la gran panacea. Ahora se darán cuenta, al igual que cuando sufragaron en el 2016 por la mayoría de aquel entonces, que el problema subsiste y es potencialmente más grave.  

La democracia tiene al voto popular como uno de sus sustentos principales. Pero si este derecho ciudadano se ejerce desde el impulso emocional, los intereses subyacentes o el alpinchismo, se logran los tristes resultados que exhibe la comisión de Fiscalización.

Algo es seguro en función de una evaluación integral de la calidad de los parlamentos en los últimos treinta años: cada vez es peor. Cuando se piensa que no se puede sucumbir más bajo, surge otra representación nacional que rompe el récord anterior. Triste logro del electorado nacional. Y de la clase política, obviamente. 

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD