El peligroso 10% de error de las pruebas rápidas

El ministro de Salud, Víctor Zamora, ha reconocido oficialmente que las controvertidas pruebas rápidas de descarte del COVID-19 tienen un margen de error del 10 %, un porcentaje temible si se cuantifica la cantidad de personas con falsos negativos, lo cual representaría un peligroso vector de contagio en todo el país. 
Según las propias cifras proporcionadas por el presidente Martín Vizcarra, hasta el 21 de abril se hicieron 148 011 test (denominados también serológicos). Se estima que tres de cada cuatro son rápidos; una simple operación dice, entonces, que se realizaron 111,008 de ese tipo de exámenes. Si se toma en cuenta el porcentaje de error revelado por el ministro, 11 mil de estos resultados serían falsos. En buen romance, once mil personas estarían esparciendo el virus en el país a causa de esos falsos negativos. 
Más allá de las cifras, existen casos concretos sobre la poca fiabilidad de las pruebas rápidas. Varios congresistas contagiados en las últimas semanas revelaron que los test serológicos que les aplicaron inicialmente fueron negativos; luego los exámenes moleculares rectificaron el diagnóstico y, recién, pudieron recibir atención médica adecuada. 
Quienes no pueden tener acceso a la segunda prueba más fiable, simplemente ignoran que están infectados hasta cuando es demasiado tarde para su propia salud, como ocurrió con el excongresista Glider Ushñahua Huasanga, quien murió implorando atención médica en Pucallpa. Ni que decir de las decenas de ciudadanos de a pie que recién acceden a la atención cuando están en las últimas o, muechas veces, ni siquiera eso.
Por si estas consideraciones fueran pocas para dudar de la eficacia de las pruebas rápidas en esta dura guerra contra el COVID’19, México, un país similar al Perú para no mirar tan lejos, optó por utilizar solo las pruebas moleculares, porque, antes de realizar las adquisiciones, investigó como se debe hacer. 
Las autoridades sanitarias del país azteca acudieron a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Laboratorio Nacional de Microbiología en Canadá con el objetivo de conocer si las pruebas rápidas estaban avaladas o eran utilizadas para detectar coronavirus. Y la respuesta fue negativa de todas las instituciones.
Es cierto que el Perú no ha llegado a las terroríficas cifras de víctimas de países como Estados Unidos, España o Italia, gracias a la cuarentena decretada por el gobierno. Pero el aislamiento no puede prolongarse indefinidamente. Es una medida que se torna insostenible en el tiempo.
Mientras Vizcarra y su equipo basen gran parte de su estrategia en un instrumento que arroja tantas dudas, el final de esta pandemia en el país sería muy lejano. En tanto, los contagios podrían seguir creciendo indefinidamente pues existe un grupo humano con falsos negativos. Y de eso habrá responsables. 
 

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