El ministro que se trolea a sí mismo

El ministro Víctor Zamora llegó a la cornisa por voluntad propia. Se fue arrinconando sistemáticamente por su falta de tacto en las declaraciones ante los medios de comunicación. Varias veces echó leña a la hoguera en medio de la conmoción social causada por la pandemia, cuando su alta investidura obligaba a hacer exactamente lo contrario. 

Es cierto que asumió el encargo cuando la guerra contra el COVID-19 ya se había iniciado y no tuvo tiempo ni para acomodarse en el sillón ministerial. Sin embargo, el tema de la nueva pandemia no le era ajeno ni desconocido, porque venía de ser asesor de su antecesora, Elizabeth Hinostrosa. En consecuencia, ese argumento como atenuante sirve poco.

En una de sus primeras intervenciones arrancó las silbatinas de la opinión pública. “Tarde o temprano todos terminaremos infectados”, dijo. No pudo ser más inoportuno un mensaje de esa naturaleza a una población que estaba apenas en la primera etapa de la cuarentena. “¿Para qué tanto sacrifico si igual me voy a contagiar?” habrá pensado más de uno. Zamora, tan acostumbrado a lo políticamente correcto, fue esta vez políticamente incorrecto.

Sus deslices no quedaron allí. A los pocos días volvió a levantar una andanada de críticas con otra declaración estremecedora: “La epidemia se hará presente en nuestro país en toda su plenitud. Tomémonos de las manos, roguemos a nuestros dioses, abracémonos y enfrentemos juntos”. Mientras el presidente Vizcarra hablaba de un exitoso “primer martillazo”, su propio ministro propinaba otro martillazo mediático al sostener lo contrario.  

Pronto volvió a las andadas y afirmó: “Un grupo [de infectados por coronavirus] va a morir en el hospital; otro, en la calle, en albergues o en sus casas. Para esto se creará un comando humanitario de levantamiento de cadáveres”. Esta vez la cosa sí fue alarmante. Una autoridad que debe infundir la calma y la tranquilidad se fue al otro extremo. Felizmente, hasta ahora, el país no ha llegado a esos niveles.

En las últimas declaraciones habló de los profesionales de la salud que están contagiados de COVID-19 en otras regiones y piden ser trasladados a Lima para recibir atención especializada. “(…) desde el punto de vista legal, constitucional, todos los profesionales son igual de ciudadanos que el resto de nosotros”. Allí sí ardió Troya. Los gremios médicos se le fueron encima. Y razón no les faltaba.

Ningunear a quienes forman parte de la primera línea de combate no es nada estratégico ni inteligente. El sentido común dice que un médico salvado puede salvar decenas de vidas, pero el ministro parece no saberlo y mostró una vez más su carencia de tacto. Nuevamente lo políticamente correcto resultó incorrecto.

Nadie duda que todos somos iguales ante la ley y tenemos los mismos derechos. Sin embargo, en circunstancias extremas, como ahora en la pandemia, hay preeminencias. Tal vez sea doloroso y descarnado decirlo, pero los médicos italianos y españoles lo demostraron a la hora de priorizar los respiradores artificiales. Y nadie los podrá acusar de nada.

Quienes defienden al ministro de salud sin ton ni son (con interés o sin interés) saben bien que una cosa es ser realista y franco, y otra incurrir en exabruptos a cada rato, exhibiendo ineptitud hasta para enviar mensajes ponderados y proactivos. Saben bien, asimismo, que Zamora, tan afín al Twitter, ha venido “troleándose” casi desde cuando asumió el cargo.  

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD