El bumerán morado

Lejos de favorecer políticamente al Partido Morado, el gobierno de Francisco Sagasti está convirtiéndose en una rémora de imprevisibles consecuencias para las expectativas electorales del candidato Julio Guzmán. Y es que las cosas no se presentan nada fáciles en la administración transitoria, cuyas falencias son cada vez más evidentes frente a las urgencias nacionales.

Por si fuera poco, el asunto agrario, que ya ha causado cuatro muertos, puso contra las cuerdas a los morados del gobierno, cuyos funcionarios mostraron una alarmante ausencia de recursos para solucionar recuperar el orden público en los casos de conflictos sociales.

Solían ser furibundos críticos y entusiastas organizadores de marchas callejeras, pero ahora, ya en el poder, no supieron qué hacer frente a los reiterados bloqueos de la Panamericana. Cuatro muertos no es poca cosa; y, dicho sea de paso, aún no han surgido las propuestas para hacerles murales o monumentos.

Con torpeza, Sagasti ha agregado un problema delicado a su gestión en su apresuramiento por cambiar las instituciones de acuerdo con la agenda progre: la reforma policial. La relación entre el gobierno y la PNP ahora no es buena, justo cuando arrecian las protestas populares. Aunque se trate de una institución no deliberante, son incontables las voces de cuestionamiento desde dentro de la Policía sobre la pretendida reforma.

Esta crisis, además, ha llevado al debilitamiento de la Policía Nacional con la consecuente pérdida del principio de autoridad que la ciudadanía constata con alarma en las protestas del sur y el norte del país, cuyas consecuencias las pagas miles de peruanos que nada tienen que ver con el conflicto.

Generalmente el ejercicio del poder desgasta. Lo que al principio eran aplausos y vítores provenientes de una mayoría ciudadana se van convirtiendo en duros cuestionamientos, sobre todo cuando una gestión gubernamental tiene urgencias serias que no son resueltas con eficiencia y efectividad. Ese es el proceso que ahora amenaza a los morados.

El costo político de las decisiones nada oportunas ni estratégicas, en momentos de pandemia y crisis económica, podría ser bastante alto. El deterioro de la imagen será fulminante si Sagasti persiste en aplicar con apresuramiento la agenda política partidaria en otros sectores como las Fuerzas Armadas o en temas sensibles y altamente debatibles como el enfoque de género.

Urge para la gente de a pie la solución inmediata de dos asuntos de vida o muerte: salud y economía. Abocarse a esos dos temas con mejor eficiencia podría rendir mejores dividendos políticos para los morados. Lo demás puede esperar hasta el 28 de julio del 2021.

En caso contrario, el mandato de Francisco Sagasti podría convertirse en un bumerán para las pretensiones de Julio Guzmán. Por eso, ni corto ni perezoso, éste se ha apresurado en marcar distancia de las decisiones gubernamentales y hasta ha lanzado tibias críticas. Como si la gente no supiera que Sagasti, varios ministros y funcionarios son del Partido Morado.

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