El bien escaso y la falacia de la solidaridad

Los peruanos que han vivido y sufrido las interminables colas del primer gobierno de Alan García, saben a la perfección el significado del tan cacareado término “bien escaso”; lo sintieron en carne propia por casi todo un quinquenio y han sabido afrontarlo con entereza y pragmatismo.

¿Qué hacían los peruanos ante la escasez de azúcar, arroz, leche o cualquier otro producto de primera necesidad? En la respuesta popular, no había tanta academia, ni ideología. Solo sentido común ante la adversidad.

Todos los miembros que podían en una familia salían a buscar el “bien escaso” y se distribuían tareas con planificación empírica y realismo; de ese modo, conseguían lo que requerían en el hogar, aunque sea en mínimas cantidades. Eso se llama, en buen romance, solidaridad y distribución de responsabilidades.

Ahora que la pandemia tiene jaqueado a los peruanos y hay insuficiencia de vacunas, la frase “bien escaso” ha surgido nuevamente, está vez, para justificar un enfoque errado de parte del gobierno. Y sus áulicos de todas las marcas, pelajes y edades, han enarbolado la bandera de la supuesta solidaridad para justiciar una descabellada, absurda y malhadada postura ideológica que solo retarda indefinidamente la vacunación de todos los peruanos.

“No queremos que el que tiene plata se vacune y el que no tiene no lo haga”, ha dicho el presidente Sagasti hace algunas semanas demostrando que el sentido común no es un sentido tan común en él. Desde su óptica, la ideología está por encima de la sabiduría popular y el pragmatismo.

La miopía política impide ver al mandatario que, al igual que en la década del 80, mientras más gente salga en busca de vacunas, será mejor para los peruanos; el proceso de inmunización será más rápido y miles lograrán salvar la vida.

Es una burda mentira que los laboratorios negocian solo con gobiernos; una mentira repetida tantas veces hasta con mala fe e ignorancia por mucha gente. El embajador de Rusia en el Perú ha dicho en televisión nacional que las vacunas Sputnik V también puede ser vendidas a privados. Pero el gobierno morado ha puesto inexplicables trabas que cuestan vidas a diario.

La reciente vacunación de Hernando de Soto en Estados Unidos está demostrando que decenas de peruanos -y no solo los ricos- están viajando a otros países para buscar inmunización. Y con todo el derecho del mundo. Nadie quiere morir esperando una protección que tarda una eternidad a causa de la ineficiencia estatal.

¿Solo los ricos se están vacunando, señor Sagasti? ¿Está seguro? Infórmese bien ¿No se da cuenta que ha metido la pata hasta la cintura? ¿Qué le cuesta convocar a los privados y márquele la cancha a fin de que colaboren en el proceso de vacunación? Todavía está a tiempo de rectificar.

Ser solidario, señores, no solo es apostarse en una larguísima cola a la espera de un turno, sino también apoyar incondicionalmente causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. Y una forma de apoyar es vacunarse por cuenta propia, a fin de dejar la vacuna adquirida con los recursos del Estado para quienes más lo necesitan. Eso también es solidaridad y el gobierno lo impide. ¿Tan difícil es entender eso?

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