Cuidado con las medias verdades

Es obvio que el gobierno de Martín Vizcarra reaccionó a tiempo en sus medidas de emergencia sanitaria frente al CONIV-19. Sería mezquino no reconocerle el acierto de tales decisiones. Sin embargo, esa medida, por sí sola, no es suficiente para frenar esta pandemia de dimensiones mundiales. Debe ser complementada con otras como aumentar la cantidad de pruebas de diagnóstico y mejorar la débil infraestructura sanitaria que se destinará a los afectados.

Pero eso no es todo. También es necesaria una enorme dosis de realismo y sinceridad con la población que, a duras penas, (muchos con el estómago y los bolsillos vacíos) viene soportando las vicisitudes de la cuarentena desde hace veinte días. Es vital decir la verdad. Apelar a medias verdades, es mentir.

Un análisis simple de las cifras oficiales revela que la estrategia no es tan exitosa como se afana en demostrar el presidente Vizcarra en sus conferencias diarias, sobre todo si lo equiparamos con los resultados que están alcanzando países tan similares al Perú como Colombia y Chile.

Hoy sábado 4 de abril, los casos detectados en Colombia son 1267 y hay 25 muertos, lo cual arroja un índice de letalidad del 1,9%. Chile tiene 4161 infectados, 27 fallecido y una letalidad de apenas el 0.64%. En cambio Perú registra 1746 casos, 47 muertos y 4.1% de letalidad.

La tasa de letalidad del coronavirus es del 3,4%, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En buena cuenta, el Perú (4.1%) está por encima del promedio y muy por sobre los índices de los dos países vecinos con similares características. Y eso se ha callado.

En los próximos días, un aspecto crucial de la estrategia debería intensificarse: las pruebas moleculares. Chile viene haciendo tres mil diarios hace dos semanas, Colombia anuncia más de 15 mil al día. ¿Y Perú? Informa de solo mil 300 diarios desde este fin de semana. Allí puede radicar la diferencia futura, la diferencia entre el infierno o el cielo.

Es cierto que las cifras de letalidad aún son bajas si miramos el dramático panorama en Estados Unidos, Italia, España y otros países europeos, pero, en base a lo ocurrido en esas latitudes, también es claro que el Perú está aún en la curva ascendente, lejos del pico más alto. Es allí donde al peor escenario podría aparecer, en caso de que el gobierno descuide aspectos esenciales como las pruebas de diagnóstico y el equipamiento. Algún tiempo todavía queda para prepararse.

Maquillar la realidad en estas circunstancias tan difíciles es jugar con fósforo en una habitación repleta de pólvora. El estallido puede ocurrir en las narices del mandatario y la onda expansiva afectaría a todo el país.  Aquellos marketeros dedicados a aggiornar la imagen del mandatario y de algunos ministros deberían tener en cuenta este aspecto crucial y recomendar sinceridad, realismo y transparencia.  

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