Cuando la mediocridad es más peligrosa que la pandemia

El escritor neoyorquino Joseph Heller nació en el año1923, y entre las frases que nos dejó antes que muera en 1999, fue: “En esta vida algunos hombres nacen mediocres, otros logran mediocridad y a otros la mediocridad les cae encima”. El problema se agrava cuando ese hombre mediocre continúa mediocre y no sabe distinguir si nació mediocre, logró la mediocridad o la mediocridad le cayó encima o, simplemente, esa misma persona leyó o escuchó en su momento al profesor canadiense Laurence J. Peter, nacido en 1910, que dejó dicho antes de su muerte en 1990: “Con el tiempo, todo puesto acaba siendo desempeñado por alguien incompetente para sus obligaciones”.

El escritor y sociólogo ítalo – argentino José Ingenieros, nacido en 1877, autor de la obra “El hombre mediocre”, solía decir hasta antes de su fallecimiento en 1925: “Es más contagiosa la mediocridad que el talento”.

La Real Academia Española define mediocre como: de calidad media. De poco mérito, tirando a malo. La psicología nos dice que una persona mediocre es aquella que convive con sus propias conveniencias y no escucha las opiniones de otras personas. Que no es una persona emprendedora, por lo que no inicia nuevas tareas y lo califica como alguien que carece de personalidad.

La religión señala que una persona mediocre no se siente identificada con los valores cristianos porque la mediocridad va de la mano con la incapacidad de amar a los demás; y la sociología emplea la palabra mediocre para definir a una persona que carece de valor para su entorno, que carece de inteligencia y no es interesante, ni abundante; no posee méritos propios de los cuales sentirse orgullo.

Las características para identificar a los mediocres, o quizá para identificarnos, son muchas, entre ellas, tenemos: los que critican, pero no actúan y dejan que otros arreglen el asunto. Los que actúan en la vida tomando decisiones con el propósito de agradar al resto así los otros estén equivocados. Los que recurren permanentemente a las excusas para explicar los fracasos echándole la culpa a los otros. Los que se quejan literalmente por todo y no hacen nada para solucionar. Los que en sus quehaceres hacen lo justo y necesario y no se esfuerzan ni un milímetro adicional por hacer algo diferente con entusiasmo. Los que sienten que el mundo está en deuda con ellos porque la vida es injusta y, por lo tanto, están permanentemente esperando la ayuda de los demás para resolver sus problemas. Los que sienten que la vida no les otorga oportunidades y que se creen más talentosos que otros. Los que creen que los exitosos han sido premiados de manera especial sin merecerlo. Los que guardan un gran resentimiento porque la vida no ha sido justa con ellos. Los que sienten envidia por el éxito de los demás y cuando alguien les cuenta de sus proyecto o ideas, esconden en secreto para que esas ideas fracasen. Los que no soportan el éxito ajeno y sufren por eso. También hay los murmuradores, los cizañeros, los abusivos con los que pueden abusar. Los pusilánimes y miedosos cuando deben enfrentar una realidad.

En fin, son características para todos los gustos y sabores, y siguiendo estas premisas, sin temor a equivocarme puedo decir que el país está lleno de mediocres. Los hay en todas las profesiones, religiones, instituciones, poderes del estado, niveles sociales, empleados, desempleados, ambulantes, provincias, distritos, regiones, razas, homosexuales, transexuales, prostitutas, cafichos, delincuentes, narcos, periodistas, escritores y, en fin, en todos, todas y todes.

Hay mediocres que esperan que militares mediocres les arreglen el problema de un mediocre al mando del poder. Otros mediocres esperan que el mediocre que tiene el poder les resuelva el problema de su canasta familiar. Los hay también aquellos que creen que una policía mediocre resolverá la mediocridad del sistema, y hay mediocres que con sus ejemplos enseñan a sus hijos a continuar siendo mediocres, e increíblemente hay mayor cantidad de mediocres a los que la mediocridad les cayó encima y son los que defienden a los que nacieron mediocres y, ¡absurdamente éstos se la creen!

Si bien es cierto la pandemia nos ha dibujado nuestro precario sistema sanitario, la pandemia también nos ha pintado de cuerpo entero nuestra contagiosa mediocridad…y el barco sin talento sigue a la deriva.

 

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