Coronavirus: entre China y Estados Unidos

Los gobiernos de China y Estados Unidos tienen una actuación lamentable en el tratamiento de aspectos sustanciales referidos a la pandemia. Por un lado, la ausencia de transparencia y, por el otro, la falta de humanidad. Ambos cuestionables desde cualquier punto de vista.
Cuando, hace algunos días, Sucesos publicó una información que atribuía el origen de ciertas pandemias a la China, hubo algunos que reclamaron por un presunto intento de estigmatizar al país asiático, lo cual, por supuesto, resulta falso. Los hechos recientes responden per se a los espontáneos defensores.
Con el paso de los días, está quedando en evidencia la falta de escrúpulos del gobierno de Pekín que mintió con fines obviamente políticos respecto a la cantidad de muertos causados por la pandemia.    
China está en un proceso vertiginoso de pérdida de credibilidad a nivel internacional, no solo por la naturaleza de su sistema político, sino por faltar a la verdad en temas sensibles como la pandemia. Si mintió sobre la cifra real de víctimas, bien podría esconder la verdad sobre el origen del virus. 
Circulan rumores con mayor o menor asidero, pero varios con argumentos suficientes como para tomarlos en cuenta. Uno de ellos surge de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, donde un equipo de científicos señala que el origen del coronavirus pudo darse mucho antes de lo señalado por China, e incluso en otra localidad diferente a Wuhan. 
Los académicos ingleses indican que la cepa nació más al sur de la mencionada ciudad china y tres meses antes de lo anunciado. No se trata, pues, de un grupo de conspiranoicos, sino de científicos serios a los que habría que prestarle atención.
Si la conducta de las autoridades chinas podría calificarse de inmoral, no menos inmoral es la actuación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien tomó la salvaje decisión de priorizar los aspectos económicos por encima de la vida humana. Los resultados saltan a la vista.  
Las fatídicas cifras condenan la decisión del mandatario norteamericano. Miles de muertos y el tristísimo privilegio de ocupar el primer lugar en la lista de letalidad en esta pandemia de final aun incierto. 
Como es obvio, los cálculos políticos predominaron en los gobiernos de China y E.E.U.U. La guerra económica y la supremacía en el mundo resultaron factores preponderantes en las decisiones. El resto no les importó.
Si algo tiene que cambiar a partir del coronavirus es, precisamente, la deshumanización de los gobiernos. La naturaleza ha reaccionado con un severo llamado de atención a la especie humana que, lejos de cuidarse, vive en una permanente lucha por la supremacía del mundo aunque para ello destruya su hábitat. A los gobiernos de las potencias parece importarle poco que, al final, no habría ganadores, sino infinidad de perdedores.
 

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