Así no, Pedro

En los últimos días, dos periodistas que cubrían las actividades del candidato presidencial Pedro Castillo sufrieron agresiones por parte de los seguidores de Perú Libre; después surgieron las versiones de otros reporteros que daban cuenta de comportamientos nada democráticos del entorno del hombre del sombrero.

Es repudiable desde todo punto de vista que las agresiones verbales y los insultos que imperan en las redes sociales de uno y otro lado en el marco de esta terrible y dramática campaña electoral, hayan sido trasladados al terreno de los hechos por parte de ciertos simpatizantes castillistas que hacen temer por la integridad física de los hombres y mujeres de prensa.

Los reporteros, camarógrafos y gráficos que recorren las calles día y noche en busca de noticias son profesionales que jamás marcan la línea editorial de un medio de comunicación. Son trabajadores que solo acatan comisiones y tratan de cumplir el fin supremo de la labor periodística que es informar a la colectividad. Eso debe quedar absolutamente claro.

El agravante de todas las agresiones es que el propio candidato Castillo inició la ofensiva contra los medios de comunicación que no son de su simpatía, lo cual hace recordar los discursos incendiarios de Hugo Chávez contra los diarios y televisoras venezolanos que luego fueron clausurados o expropiados.

A lo largo de la segunda vuelta de esta campaña, el candidato de Perú Libre destila una mezcla de temor-animadversión hacia la prensa que lo fiscaliza. No ha aprendido que los políticos están expuestos al escrutinio público, muchas veces desmedido e interesado, y no encontró mejor recurso que satanizar en sus discursos a todos los medios de comunicación con calificativos subidos de tono que han exaltado a sus seguidores.

Es cierto que muchos medios de comunicación han cumplido y cumplen deplorable rol, no solo en esta campaña, sino en muchas otras. Ejemplos visibles existen, incluso del lado castillista. Pero eso no convalida las exacerbaciones del candidato de Perú Libre que ponen en riesgo la integridad de los periodistas, no solo por la amenaza anónima de una turba, sino de los miembros de seguridad del propio Castillo, como ya le ha ocurrido a varios reporteros.

Con mensajes de esta naturaleza, Castillo solo muestra intolerancia a la crítica, intransigencia y un inadmisible irrespeto a la libertad de expresión que se agrega a las amenazas de otros integrantes de su partido que ya anunciaron el cierre de medios de comunicación incómodos en un eventual gobierno de Perú Libre.

El candidato no se percata que los discursos violentos socaban su propia candidatura, aunque sus seguidores en las redes pretendan justificarlo y asolapan los yerros. Debería darse cuenta de que así dinamita sus propias aspiraciones y, por eso, sigue dilapidando la enorme ventaja porcentual con la que empezó la segunda vuelta.

Pareciera que Castillo no tiene más argumentos que el ataque irracional para ganar las elecciones a una candidata con tantos problemas, cuestionamientos y una mochila tan cargada de denuncias y acusaciones como Keiko Fujimori. La estrategia del profesor es pésima y peligrosa para la democracia.

Sin duda, los ataques a la prensa revisten gravedad. Se trata de síntomas alarmantes de un futuro nada promisorio para la libertad de expresión y de opinión en un eventual gobierno perulibrista. Guerra avisada, ¿no mata gente?

 

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD