Algo de luz al final del túnel

Sin duda la elección del congresista José Williams Zapata como presidente del Congreso para complementar el periodo 2022 – 2023, nos da algo de tranquilidad  y esperanza. Es un respiro democrático dentro de circunstancias cada vez más tensas. Sin embargo, no la tiene fácil. Está tomando la posta de un legislativo con altísimo nivel de desaprobación, tiene dentro de sus filas parte del enemigo y al frente a un Ejecutivo eminentemente envalentonado, con mayores recursos para mostrar sus garras y soltar a sus fieras. De hecho la artillería pesada, el equipo de bombarderos y francotiradores estarán apuntándolo en todo momento y un movimiento en falso podría acabar con una bien ganada reputación.

Sin duda será su misión más difícil. En realidad muchas veces lo político es más complicado que las faenas militares y especialmente cuando la presión viene de todos los flancos. No es un asunto de sentarse y fríamente conducir los Plenos. Podría hacerlo, pero pasaría a la historia como un pelele y creo que no es el caso de Williams, además, él sabe que los ojos de los demócratas lo están observando y si se descuida la oposición ganará y el Perú habrá perdido una brillante oportunidad de rescatar en toda su dimensión la libertad y el estado de derecho.

Ahora Williams no lidiará con enemigos ocultos o parapetados; al contrario, los tendrá frente a frente y algunos le sonreirán con el puñal en la mano, y otros le lanzarán una arremetida de proyectos tendenciosos y parciales, sectarios y arbitrarios, pero también los dirigidos arteramente con nombre propio. Aquí el Comando Williams tendrá la oportunidad de escoger sus batallas y podría hacerlo revirtiendo a través de leyes los más de millón y medio de compatriotas analfabetos; pensar en los cerca de 8 millones que aún no tienen agua potable; lidiar con el aumento de la inseguridad ciudadana y la criminalidad; reparar el aumento de la anemia y la violencia contra las mujeres y niños; reducir los más de 207 conflictos sociales; corregir la política antidrogas frente a la producción galopante y consumo de ella; estar atento a las 557 investigaciones fiscales contra los gobernadores regionales actuales de los cuales el 70 por ciento involucra delitos de corrupción; ser protagonista y mensajero de nuevos vientos a las próximas autoridades que se elegirán el 2 de octubre y todo ello con el ánimo de calmar las aguas tormentosas de un ejecutivo populista que desde ya quiere que fracase.

En fin el encargo no es nada fácil y Williams debe ser lo más agudo y perspicaz posible para fiscalizar a un ejecutivo que se eriza cuando se le toca y más aún a sabiendas que está al borde del abismo, armonizar con el poder judicial, coordinar con el ministerio público para hacer más ágil la legalidad política y empatizar con los organismos autónomos a fin de estar preparado para el desenlace final.

El elegido presidente debe urgentemente convocar a asesores eminentemente políticos sin cuestionamientos policiales o judiciales y rodearse de un equipo técnico con absoluto conocimiento de la Constitución, del Reglamento del Congreso y del protocolo a seguir; definitivamente el actual Oficial Mayor José Cevasco es una garantía de ello y un jale de lujo sería don César Delgado Guembes. Con ambos pilares amparando y defendiendo el sinuoso, tortuoso e hipócrita camino legal, más la presunción de lealtad de las Fuerzas Armadas a su favor y sumado el perfil profesional del Comando Williams algo de luz tenemos al final del túnel.

 

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