Mayo 16, 2020

¿Por qué olvidan a las organizaciones sociales?

Los clubes de madres, vaso de leche y los comités de seguridad ciudadana pueden tener participación fundamental en la lucha contra la pandemia

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Desde hace algunas semanas, diversos sectores intelectuales y profesionales vinculados al pensamiento castrense han planteado que en la lucha contra el COVID-19, debe aplicarse el concepto del Capítulo IV del Libro Blanco de la Defensa Nacional para que las Fuerzas Armadas participen en la parte que le compete. La idea no es del todo mala.

El 21 de abril 2020, el vicealmirante AP ® Jorge Montoya en la revista El Montonero dijo lo siguiente: “En el país solo existe una organización preparada para asumir el control de una situación como la actual que es lo más parecido a un estado de guerra y es el Comando Conjunto de las FF.AA. con las Instituciones Armadas: Ejército, Marina y FAP. Y como organismo de apoyo la PNP”; luego, el 26 de abril en el Diario Gestión señala que: “hay que organizar a la sociedad para hacer frente a esta amenaza y esto lo hace las FF.AA. con un planeamiento adecuado (…) para acciones programadas en el tiempo para que la población sepa lo que sigue…

Como se puede apreciar, el argumento es que los militares poseen una estructura orgánica constituida por fuerzas acantonadas a lo largo del territorio nacional, cuentan con logística que les permite desplazamiento de aeronaves, naves y vehículos (aire tierra, mar y ríos) y recursos económicos para sostenerse mientras dure la emergencia nacional.

Nadie podrá discutir que en las FF.AA., la disciplina, la simultaneidad y el potencial logístico y económico para las acciones militares, son una fortaleza y, a la vez, una gran oportunidad; sin embargo, no tomar en cuenta que la sociedad ya tiene formas históricas de organización como los  comedores populares, comités del vaso de leche, banco de alimentos y las juntas vecinales que organiza y dirige por años la Policía Nacional del Perú a nivel nacional, entre otras, evidencia que la propuesta es incompleta por la falta de un factor estratégico: el ciudadano organizado, y no al revés.

Por otro lado, el silencio sepulcral y la inactividad de los partidos políticos cuando de apoyo social organizado se tratan, es lamentable. El uso (indebido) del voto popular para continuar la inoportuna “lucha política” que privilegia los entuertos antes que salvar la vida de los más vulnerables, es, igualmente, indignante, porque esa conducta pusilánime a través de la historia, dejó espacio social que fue aprovechado por grupos violentistas, anti sistemas y  terroristas para “organizar y dirigir a la masa”, en el que en algunos casos los “enlistaban” en su “ejército guerrillero” que tanto daño le hizo al país.

Por esa razón, considero que todas las propuestas son bienvenidas, sean de los sectores castrenses, religiosos, sociales, económicos, empresariales o políticos, pero que, de ninguna manera estas funcionarán, si las organizaciones sociales no son tomadas en serio e involucradas con voz y voto en esta emergencia nacional