Abr 28, 2020

Cúbrete la espalda con mi dolor

Las encuestas le dan una alta aprobación a Vizcarra pese a que no funcionan los martillazos. De un país de 32 millones de habitantes que se hayan contagiado solo 20 mil es un milagro.

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Para entender la nueva estrategia política que se desarrolla desde la Casa de Pizarro es necesario transportarnos. Estamos en Brasil, se revela el escándalo de corrupción del “mensalao” con Lula en el gobierno. Diputados opositores reciben su “mensualidad” a cambio de una oposición “no opositora”. Pero Lula, impertérrito, sale muy bien librado. Nadie lo toca. El escándalo es grave, profundo, casi del tamaño de LavaJato. Pero las encuestas y estudios de opinión de aquellos años ponen a Lula en la picota. El escándalo no toca su aprobación. Lula obtiene entre 60% a 70% de aprobación. En una pregunta elaborada al gusto del cliente se pregunta si se cree que Lula está involucrado en el “mensalao” directamente y el 80% responde que no. En suma: todos los demás son corruptos menos Lula.

Desde la Casa de Pizarro, con el asesor argentino, se han dado cuenta que esa es la imagen, el ejemplo, lo que los estrategas de comunicación política llamarían el “análisis marco”. Aquí se repite el libreto por pasos. Todo está concatenado. Quien crea que en política no hay casualidades no ha leído a Basadre.

Entonces tenemos armada la carpa. Las encuestas le dan una alta aprobación a Vizcarra pese a que no funcionan los martillazos. En Lambayeque los médicos usas bolsas de basura para cubrirse del contagio. Eso no interesa. Luego en el Aló Presidente de todos los días, Vizcarra sale a culpar a los ciudadanos de los contagios. De un país de 32 millones de habitantes que se hayan contagiado 20 mil es un milagro. Pero igual la cuarentena se extiende por esos malos peruanos que hacen cola para recibir su “bono”. No se extiende porque falten máscaras para los policías o indumentaria para el personal sanitario. Todo lo anterior no interesa. Las encuestas mandan.

Como el “frame” es lo que cuenta, oportunamente una imagen hace estallar las redes sociales: en Piura se hacen colas para comprar cerveza. “Ya ven, lo dijimos, ustedes son los culpables”. Los medios y periodistas afines insisten en la monserga. Luego se revela un tinglado de corruptela donde estaría incluido el mismísimo (ahora exministro) Carlos Morán. Corrupción en el momento más trágico del país. El hombre de confianza del presidente. Morán el impulsor de la policía política. El presidente se deshace de Morán. Las encuestas dirán que a pesar del affaire Morán la aprobación del presidente sigue firme.

A todo lo anterior debemos agregar la iniciativa presidencial del "impuesto de los ricos". El asesor argentino sabe que Vizcarra está contra las cuerdas por no aprobar el retiro del 25% en las AFPs. Vizcarra puede ser tachado de "proConfiep", una imagen que disgusta al presidente.  ¿Cómo poder revertir? De la chistera sale el "impuesto a los ricos" y con ello se volverá a posicionar como el presidente de los pobres. El “frame” es lo que cuenta. La pandemia es también un hecho político.  

Entonces ¿qué tenemos? Una operación de “frame analytics” perfecta. Todos caerán menos Vizcarra. Caerá Morán, los "caminantes" (que es el nombre como la prensa limeña hegemónica ha colocado al masivo éxodo interno), los piuranos cheleros, la sociedad se sentirá la culpable de los muertos y contagiados, caerán los ricos, vendrán más noticias negras, pero Vizcarra seguirá firme en su 80%. Eso es sin duda una gran operación. Como aquella canción mexicana, Vizcarra se intenta cubrir las espaldas mientras el dolor lo llevan otros. Los llevamos, mejor dicho. El argentino asesor lleva la guitarra.

¿Por qué Vizcarra y sus asesores desarrollan toda esta estrategia? No creo que sea por la reelección, ¿o sí?