Mar 23, 2020

¿Por qué hay tantos muertos en Italia?

El coronavirus castiga con fiereza a los italianos. España, Francia y Alemania comienzan a transitar por el mismo trágico camino. ¿Por qué hay más víctimas en Europa que en China? Una evaluación preliminar indica que los europeos priorizaron los aspectos económicos sobre los sanitarios.

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¿Por qué hay tantos muertos en Italia?

El 19 de febrero más de 45 mil personas acudieron al estadio San Siro de Milán para presenciar el partido entre Atalanta de Bérgamo y el Valencia de España por los octavos de final de la Champions League. Durante las horas previas, los aficionados, fundamentalmente bergamascos, recorrieron las calles y plazas de Milán de norte a sur y de este a oeste.
En la noche, luego del encuentro que venció Atalanta, la cerveza corrió en ríos. La gente cantaba en las calles, se abrazaban y besaban, no solo embriagados por el histórico triunfo, sino por los litros de licor ingeridos. Nadie recordó que, entre ellos, ya se movía un peligroso enemigo que había sido reportado por primera vez solo un par de semanas antes: el coronavirus. 
En efecto, el 31 de enero el diario italiano Corriere della Sera confirmaba el primer caso del COVID-19 que ya estremecía a Wuhan, China. Dos turistas chinos habían dado positivo en sus análisis en Roma. Una semana después, un italiano que volvía desde el país oriental confirmó el tercer caso en Italia. 
Sin embargo, aquellas noticias poco o nada importaron aquel 19 de febrero. Esta fecha es fundamental para varios epidemiólogos que lo sindican como el primer gran foco de contagio en Italia. “Los tiempos coinciden. El partido se jugó hace más de un mes. Miles de personas, a menos de dos centímetros de distancia, entre gritos, abrazos y euforia colectiva. Es probable que a ese partido hayan asistido unos cuantos asintomáticos”, explica el médico inmunólogo italiano Francesco Le Forche.
De hecho, días después, el 21 de febrero, se confirmaron otros 16 casos, sumándose otros 60 al día siguiente en un crecimiento sin precedentes. Ese mismo día, se confirmaron las primeras muertes y la epidemia creció exponencialmente. 
A lo largo de los últimos días de febrero, se sucedieron otras muertes causadas por la enfermedad, sobre todo entre personas mayores. El gobernador de Lombardía, Attilio Fontana, anunció que el número de casos en su región había aumentado a 172, con un total de 229 casos confirmados en todo el país. 
Pese al aumento alarmante, el gobierno italiano adoptó las medidas más radicales recién el 10 de marzo, es decir 39 días después del estallido de la epidemia cuando ya había 133 muertos. ¿Demasiado tarde? Todo indica que sí.

La experiencia China
La experiencia de China en la lucha contra el coronavirus demuestra, sin dudas, que la reacción italiana fue tardía. Los orientales aplicaron lo que algunos estiman como normas básicas y viejas de salud pública con un rigor nunca visto en la historia. Lo que han hecho es aislar los casos de contagio y aplicar limitaciones de movimiento, medida llamada aislamiento social o, en buen romance, cuarentena. Por eso, principalmente, la curva exponencial bajó y en tres meses los casos de contagio llegaron casi a cero. 
La cuarentena fue aplicada por el gobierno chino en Wuhan cuando reportaban 20 muertos, mientras que en Italia se adoptó la medida cuando el número de fallecidos llegaba a los 433. Una simple comparación de las cifras da una idea de la enorme negligencia de las autoridades de Roma. Allí está la explicación de los momentos dramáticos que viven los italianos con más de 700 muertos diarios. Permitir un espectáculo con 45 mil personas, en plena expansión de la epidemia no fue precisamente inteligente, por decir lo menos.
Es claro que los italianos priorizaron los factores económicos, como el turismo y el fútbol, restando importancia a los aspectos sanitarios y están pagando las consecuencias fatales. Aislaron las ciudades afectadas recién cuando la infección había alcanzado a un porcentaje importante de la población. Nunca tomaron en cuenta que el COVID-19 es enormemente peligroso. 
Según Quique Caubet, médico del Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus que envió un mensaje por las redes sociales, lo que determina el peligro de un agente infeccioso es la combinación de 3 factores: el vector de contagio, la morbilidad y la mortalidad. 
El COVID-19 tiene un vector de contagio entre 1,5 y 2,5, es decir, 3 veces superior a la gripe. Por eso su propagación es geométrica: 1-2-4-8-16-32-64-128-256. Lo peor de todo es que, a diferencia de la gripe y del SARS, que fue la última epidemia por coronavirus de 2003, el COVID-19 se contagia también durante las dos semanas de incubación, antes de tener incluso síntomas.
Sin embargo, el éxito chino en la lucha contra el nuevo coronavirus ha sido empañado. La cantidad de muertos en ese país habría sido aún menor si el gobierno hubiese hecho caso al médico que lo advirtió apenas brotaron los primeros casos. En lugar de eso, lo silenció. El médico murió el 7 de febrero precisamente a causa del coronavirus.
Si China hubiera tomado estas medidas de contención una semana antes, habría limitado un 66% el alcance del virus. Si lo hubiera hecho tres semanas antes, un 95%. Estos son datos de un reciente estudio de la universidad británica de Southampton en colaboración con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Wuhan, cuya conclusión es clara: cuanto más demora la respuesta, es peor.
Es claro que, como dicen los españoles, tanto en Italia como en España y Francia se ha cerrado la puerta del establo después de que los caballos escaparon. Con esta data en la mano, lo que se viene es fácil de adivinar aunque sea espeluznante.

Foto: Cambio 21.


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