Sep 01, 2019

Antártida, paraíso de la buena vecindad

En febrero de 1989, Humberto Castillo viajó a La Antártida. La pluma prolija del popular Chivo describió con detalles aquel continente desconocido y misterioso. Ahora que se ha marchado para siempre, recordemos su extraordinaria crónica.

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Antártida, paraíso de la buena vecindad

Ventisqueros enormes, cambiantes, multiformes, moldeados por los fuertes vientos. Masas de hielo gigantescas, como edificios, que se desplazan calmadamente por los procelosos mares.

Vientos de hasta 300 kilómetros por hora que bajan aullando del casquete polar agitando las aguas pobladas de témpanos.

Albas interminables, cegadoras extraordinariamente luminosas.

Silencios interminables solo turbados por el bramido del viento, el piar de raras aves y el clamor de las tempestades.

Esa es la Antártida, un mundo sumido en gélido sueño.

El continente Antártico tiene un diámetro de 4,500 kilómetros y es de un perímetro aproximadamente circular, con dos pronunciadas entradas que forman el Mar de Ross y el Mar de Weddell y una angosta península en forma de S que contiene parte de la cadena de montañas que se prolongan hacia el extremo sur de Sudamérica.

Geográfica y geológicamente, la Antártida está dividida en dos regiones por la cordillera transantártica una espectacular cadena de montañas que se extiende por más de 3 mil kilómetros del lado oeste de la barrera de Filchner.

La Antártida es el continente más elevado del mundo, con 2,500 metros sobre el nivel del mar como promedio.

Aproximadamente, el 90 por ciento del agua dulce del mundo se encuentra concentrada allí, congelada en forma de hielos permanentes.

Según muchos científicos, esto podría ser un recurso importante para las regiones áridas de la tierra.

Aunque parezca increíble, un grupo de países árabes han financiado un estudio con el fin de evaluar la posibilidad de trasladar icebergs desde la Antártida hasta los desiertos de Arabia, con fines de irrigación.

La gigantesca masa de hielos que cubre el continente tiene un espesor promedio de 2,500 metros.

El máximo espesor llega 4,800 metros. Esto significa que casi 5 kilómetros de hielo descansan sobre la estructura rocosa del helado continente.

Se estima que si toda la masa de hielo del Antártico se derritiera, el nivel del medio del mar subiría en 70 metros.

 

El más frío de todos

La Antártida, de otro lado, es el más frío de los continentes y es, asimismo, el lugar más azotado por los vientos en la tierra.

Estos vientos han sido siempre el factor más limitante para las actividades que el hombre realiza en la Antártida.

Vientos fuertes generan poderosas tormentas de nieve que reducen la visibilidad a cero. Además, el viento es el peor enemigo del explorador polar pues causa la pérdida del calor del cuerpo humano.

También los vientos han sido los principales obstáculos de las expediciones que se aventuraron por primera vez en el Polo Sur, muchas de las cuales sucumbieron ante las violentas ráfagas.

A diferencia del continente Ártico, la Antártida no tiene poblaciones establecidas permanentes, ni operan en ella empresas con propósitos comerciales o industriales.

La población ártica está bastante dispersa, pero alcanza los 3 millones de habitantes. Tan solo la ciudad soviética de Menmark tiene medio millón.

En cambio, los asentamientos humanos de la Antártida consisten en una aglomeración de bases científicas de 12 nacionalidades diferentes con un total de 1,500 científicos y técnicos que permanecen en ellas por un periodo de un año.

Las actividades en la Antártida están limitadas a estudios científicos, según lo prescribe el Tratado Antártico firmado por todos los países que tienen bases en ese continente.

La única actividad extractiva se realiza en el mar del sur, donde flotas pesqueras rusas y japonesas principalmente, capturan enormes cantidades de Krill, un pequeño crustáceo que constituye el principal alimento de la ballena.

Los habitantes del continente Antártico, pues, son exclusivamente los pertenecientes a las diferentes misiones científicas.

Se trata de una población multinacional que comparte ideales, afanes, esfuerzos, sacrificios, objetivos comunes.

 

Como hermanos

Hay una gran solidaridad humana en ese lejano y silente lugar. Las doce bases hasta ahora instaladas allí están desperdigadas en varios territorios. Ocupan extensiones más o menos grandes donde han levantado sus estaciones dotadas, fundamentalmente de equipos, laboratorios, instrumentales, destinados a las investigaciones de todo tipo.

Hay argentinos, uruguayos, soviéticos, norteamericanos, polacos, coreanos, chinos, chilenos, peruanos, etc. habitando territorios desolados, afligidos por las bajísimas temperaturas, por furiosos ventarrones, por tempestades.

Aquí hay una gran solidaridad. Nosotros no tenemos en cuenta las ideologías políticas, las diferencias de razas, las desigualdades sociales”, dijo el científico uruguayo Rigoberto Feldman.

Nosotros somos muy unidos, porque estamos empeñados en un solo objetivo: el progreso científico del mundo, la superación del género humano, su supervivencia en las mejores condiciones” añadió.

Lin Shuyán, el jefe de la misión china, sostuvo, por su parte: Somos como hermanos, somos ciudadanos del mundo, integrados totalmente”.

 

En todas las tareas

Colaboramos los unos con los otros en las investigaciones, en los experimentos, en todo cuanto sea necesario para descubrir este mundo helado”.

Lin Shuyán es un chinito siempre sonriente, alegre, de baja estatura. Está en la Antártida desde hace cuatro meses y todavía tiene para rato.

Pero está contento. Él es biólogo y trabaja incansablemente en su base.

Feldman, el uruguayo, cuenta que la solidaridad es efectiva en el Antártico. Nos ayudamos mutuamente en todas las tareas y cada vez que sufrimos algún accidente, un percance, nos damos inmediatamente la mano”.

Cuando nosotros llegamos a instalarnos en nuestra base, vinimos con un gran cargamento, de instrumentos, instalaciones, útiles. Inmediatamente, recibimos el apoyo de todos. Nos ayudaron a descargar todo”.

En agradecimiento a ese gesto solidario, los uruguayos ofrecieron, más tarde, una austera recepción a los que los ayudaron.

Hay una confraternidad muy grande entre todos. La barrera del idioma es rota con mucha facilidad.

Las misiones científicas se visitan reiteradamente y cambian impresiones, experiencias frutos de intensas investigaciones.

Y también se dan tiempo para el entretenimiento.

El otro día, científicos y marinos peruanos y brasileños se enfrentaron en un partido de fútbol, seguramente el primero que se realiza en las frígidas regiones del Antártico.

Jugaron con una pelota de futbol reglamentaria, en una cancha no reglamentaria, con arcos improvisados.

El resultado del encuentro fue un empate a dos goles.

 

La base chilena

La base chilena de Teniente Marsh” es la más amplia, la mejor dotada tratándose de instalaciones.

Tiene además de laboratorios y gabinetes para la investigación y los estudios, una cuna infantil, oficina de correos, oficina de registro civil, supermarket y otras dependencias.

Claro que no son locales amplios, ni bien dotados, ni cómodos. Son apenas, pequeños compartimientos, muy estrechos.

Es la única base, además donde, viven niños, algunos de muy pequeña edad: seis meses.

Los niños son los hijos de los científicos o de los marinos aposentados en esa zona tremendamente hostil.

Están cuidados por varias mujeres, muy pocas, esposas de los científicos que se decidieron a convivir allí en ese lugar.

Carmen Donoso, una de las madres manifestó: Vivimos con normalidad, desarrollamos nuestras actividades con normalidad”.

Los niños viven muy sanos, se han adecuado totalmente al clima y a la soledad. Juegan, corren, estudian, como todos los niños del mundo”.

Una de las más pequeñas niñas, Judith, de cinco años de edad, jugaba con una muñeca. Los otros corrían por los espacios libres del campamento.

En una pequeña tienda dedicada a la venta de souvenirs, dos mujeres trabajaban activa y entusiastamente.

La comida en las bases está hecha de enlatados. Periódicamente, a través de riesgosos vuelos aéreos, se nutre a la zona de alimentos, víveres, vituallas, etc.

La mayor población que hay en la Antártida es masculina. Sólo unas cuantas mujeres, la mayoría científicas, participan de las misiones.

Todos viven en más o menos buenas condiciones, con calefacción, buenos implementos de cocina, los más necesarios utensilios.

Todos se han acostumbrado, también a la gran luminosidad y a la beligerancia del clima. Durante el verano polar hay luz natural durante casi 24 horas del día.

Los científicos, los marinos y el resto del personal de las misiones de casi todos los países que se aposentan en los territorios antárticos, permanecen durante largos periodos que van entre los 6 y los 12 meses.

Son, luego, evacuados para ser reemplazados por otros grupos.

 

Lo peor: la soledad

Lo peor de todo, para mí, es la soledad, la incomunicación con el mundo”, dijo Samy Rivers, de los Estados Unidos.

En la gran mayoría de las bases, no hay actividad sexual. Hay por el contrario, una obligada abstinencia.

Pero los científicos que van allá tienen enormes compensaciones. Están gratificados por el trabajo por la investigación de un mundo desconocido, de fenómenos atmosféricos, de hallazgos biológicos.

Descorrer el velo de ministerio que envuelve a ese mundo olvidado y sumido en un largo sueño, es la tarea común de todos ellos.

Desde hace muchos años esos científicos empezaron a adentrarse en el crudo e impasible continente y ahora, pese a los avances, sólo están entreviendo los arcanos ocultos en las enormes masas de hielo.

Desafiando vientos asesinos, soportando temperaturas de hasta 87 grados bajo cero, cruzando las albas extensiones de heladas montañas, aislados entre las tinieblas y los peligros de invierno, los científicos recogen, cada día datos que enriquecen el acervo humano.

No sólo los hombres, sino también los buques están acometidos por los grandes peligros.

Muchas naves han naufragado, otras encallado, otras han sido deterioradas al ser embestidas por los icebergs.

Una nave polaca quedó aprisionada por los inmensos hielos en una ensenada y allí tuvo que ser abandonada para siempre.

Recientemente, una nave argentina se hundió en un mar agitado y tempestuoso.

Y sólo hace unos días, el Humbolt”, la nave científica peruana, encalló en las cercanías de la base coreana.

Es que el continente antártico es bello, pero también está lleno de peligros.

Hay en ese lugar inhóspito, no una blancura uniforme y monótona, sino un maravilloso paisaje de matices realmente caleidoscópicos.

Parecería que dioses portentosos se esmeraron en adornar todo ese continente con heladas texturas.

Los inmensos glaciares tienen formas fabulosas, que van cambiando, talladas por el cincel de la naturaleza.

Las centellantes masas blancas se desprenden continuamente y caen vertiginosamente, convirtiéndose, luego, en témpanos flotantes.

El sol se difunde con diamantino fulgor y alumbra las configuraciones fantasmales que parecen caminar por el espacio abierto.

 

Paraíso de los pingüinos

La Antártida es eso y más. Es, también, el paraíso de los cazadores de ballenas, el blanco territorio donde los pingüinos andan en bandadas de hasta 100 mil ejemplares, el lejano escenario de paisajes tan maravillosos que parecen irreales.

Los pingüinos van dando graciosos saltitos, con el cuerpo erecto, moviéndose sobre sus dos patas, erguidos como saltimbanquis de un circo.

Los lobos marinos, las focas, los elefantes de mar, los gaviotines y los preteles sobreviven en esos parajes, tan agresivos.

Uno mira todo eso y queda extasiado.

La Antártida es algo imposible de describir con certeza a quien nunca estuvo allí. Algo que hay que ver si uno quiere conocerlo.

 

Jueves, 02 de marzo de 1989

(Diario La República)

Foto: José Mariño.

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