Abr 26, 2019

La matanza senderista de Etzionari

Más de 300 personas fueron asesinadas en una comunidad asháninka en 1993 en San Martín de Pangoa. La mayor masacre de Sendero permaneció oculta por 26 años y no figura en el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

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La matanza senderista de Etzionari

El 28 de julio de 1993, día de la Independencia del Perú, una columna de Sendero Luminoso ingresó a la comunidad nativa de Etzoniari, en el distrito de San Martín de Pangoa, y asesinó a más de trescientas personas, entre niños, mujeres y ancianos, en lo que constituye una de las mayores masacres de la época de la violencia subversiva en el Perú.

El horrendo crimen permaneció oculto durante décadas y, ni siquiera, la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) lo consignó en su extenso informe final difundido en agosto del 2003.

De acuerdo al testimonio de los sobrevivientes, más de 400 senderistas irrumpieron en el poblado asháninka a las 6 de la mañana y sorprendieron a la población que recién se aprestaba a iniciar sus labores cotidianas.

Los hombres de la comunidad montaron una defensa que soportó la ofensiva por más de seis horas, defendiéndose solo con lanzas y flechas. Al final sucumbieron ante el poderío bélico y el número mayor de atacantes.

Los senderistas aniquilaron a los heridos y revisaron todas las chozas en la búsqueda de sobrevivientes. A los niños que encontraron los ataron, los encerraron en una choza y los quemaron, según el relato de quienes pudieron escapar a través del bosque.

Uno de los testigo de aquella masacre es Jesús Priori, actual jefe de la comunidad, enclavada en un valle ubicado en el distrito San Martín de Pangoa, donde actualmente viven unas trescientas personas.

El testimonio de Priori forma parte del libro “El Valle de la Muerte, las masacres ocultas de Sendero Luminoso en el VRAEM” que los periodistas José Arrieta Matos y Víctor Tipe Sánchez han escrito recientemente, el cual descubre los crímenes senderistas en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro desde la época de los 80 hasta la actualidad.

En esa zona, decenas de comunidades de nativos y de colonos fueron arrastrados por los senderistas como parte de su estrategia política y luego retenidos a la fuerza por décadas. Los cautivos vivieron en campamentos precarios que eran verdaderos campos de concentración.

Sendero cometió toda clase de abusos contra este gente pacífica. Violó a las mujeres, esclavizó jóvenes, adultos, ancianos y niños y asesinó a cientos de personas por razones inimaginables.

Muchos murieron, también, como producto de las enfermedades y la desnutrición que campeaban en estos campamentos precarios donde se alimentaban con insectos, sopas de yerbas sin sal y restos de los alimentos de los mandos senderistas, según el testimonio de los excautivos que fueron entrevistados por los dos periodistas.

Uno de los sobrevivientes reveló que, incluso, hubo casos de antropofagia por mandato de  los jefes de Sendero que ordenaban asesinar a algún enfermo para utilizar su grasa en el mantenimiento de las armas.

El libro que tiene un anexo de fotografías, será presentado el martes 16 de abril en el auditorio de la Municipalidad de Lima a las 7 de la noche.


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