Oct 09, 2017

Ay, con esta vida, quién me viera

El 31 de octubre Cecilia Barraza estará de vuelta. Soportó tres largos años de abstinencia de los escenarios. A los 65 años pisará el Gran Teatro Nacional por primera vez. La voz más dulce del criollismo anuncia su última presentación como solista.

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Ay, con esta vida, quién me viera

Habla, como canta. Con voz dulce y tierna. Amable como su sonrisa. Cecilia Barraza camina airosa. Menudo pie la lleva. Está de vuelta después de tres años. Venció un infarto cerebral. Confiesa que subir otra vez al escenario le genera estrés. Muchas entrevistas, las mismas preguntas, sesiones de fotos. Ella que habitaba tranquilidad con su soledad a los 65 años.

Déjame leerte algo, ¿hacia dónde te transporta?: no se sabe si es perla, ni se sabe si es llanto…
Hay entre ella y la luna cierta historia de encanto, interrumpe Cecilia… Ay, me la recitaba mi padre, La Magnolia de José Santos Chocano. Ay mi papá. Me agarraste el corazón. Murió en el 2008. Era un hombre muy sensible, cantaba con mi tío tonderos, tristes con fugas de tondero. Recitaba poemas. Llegaba a casa a las dos de la mañana, con Luis Abelardo Núñez, y cantaban. Y ella libera su voz: la sangre de tus labios humedeció tu boca…

¿Tu padre llegó a zanjar esa disputa casera con tu madre por elegir quién era más guapa: Marilyn Monroe o Brigitte Bardot?

Te aprendiste toda mi vida, qué lindo. Mi madre decía Marilyn es una mujer sexy y mi padre decía es una mujer que la han fabricado, tiene tristeza en los ojos, Brigitte con un solo gesto en la boca es sensual. Esa disputa llegó hasta el final, ellos eran así. Mi padre hincha del fútbol argentino y mi mamá del brasileño. Mi madre adoraba a Argentino Ledesma, mi padre decía ese no sabe cantar, Carlos Gardel es cantante, insistía. Nunca se pusieron de acuerdo en nada.

Así duró el matrimonio 62 años…

Imagínate, y tuvieron nueve años de enamorados. Es decir, estuvieron juntos toda su vida. En realidad, a los dos les gustaba la música. Tenían la misma sensibilidad musical.

¿Te sigue doliendo visitar a tu madre en la casa de reposo donde hoy vive?

La cambié a otra casa. Está chocha. La visito siempre. Está ahora en San Miguel, cerca, yo estoy en Miraflores. Tiene momentos de lucidez, pero de pronto se desconecta.

 

La musa

Se enamoró de ella por su voz. No se lo había contado a nadie, era algo íntimo… Imprimía a cada palabra, a cada sílaba, tanta verdad y armonía, tanta delicadeza y ternura, que daban ganas de ponerse a bailar y hasta de llorar. Preguntó su nombre y se lo dijeron: Cecilia Barraza.

¿En qué momento te convertiste en musa de Mario Vargas Llosa?

Alguna vez me comentó que le gustaba mi voz cuando canté en un cumpleaños suyo, creo que ha vivido fascinado por mi voz, ja. Me ha citado hasta en dos libros: Travesuras de la Niña Mala y el Héroe discreto, primero brevemente, pero luego como personaje admirado de Felícito Yanaqué, uno de los protagonistas, creo que es el alter ego de Mario. Alguna vez también me invitó a un programa que conducía en la televisión, la Torre de Babel, junto al querido Andrés Soto.

Es el compositor a quien le debes un disco desde hace años…

Tengo eso pendiente. A Mario le pedí, como un prólogo para ese disco, y lo tengo guardado. Un texto lindo, extenso, donde habla de Andrés Soto y también de mí. Ese disco tiene que salir, es una promesa que le hice a Andrés. Un tributo a los grandes temas que compuso.

 

Chabuca y Andrés

Cecilia ha querido cantar todas las canciones posibles, pero confiesa resignación por un registro vocal que califica injustamente como débil. Hay temas que nunca me saldrán por mi voz, dice.

¿El Tamalito o Negra Presuntuosa, cuál te gusta interpretar?

El Membrillito, es una canción que Andrés Soto hizo para mí, me la regaló un 5 de noviembre, en mi cumpleaños. El Tamalito fue un tema que le grabé por primera vez. Es la que más pegó, pero El Membrillito es especial.

Y Cecilia vuelve a cantar: Ay, con esta vida, quién me viera, quién me mirara, como capullito floreciendo en tu ventana…

¿De estos cuatro temas cuál interpretas con más placer: Nunca me faltes amor; Cardo o Ceniza; Tal Vez; Cuando llora mi guitarra?

Cardo o ceniza…

Y una vez más esa voz: Nunca me faltes amor, a mi Dios yo se lo ruego… Yo me quedo con esas dos: Cardo o ceniza y Nunca me faltes amor.

¿Qué extrañas de Chabuca Granda?

Su conversación, siempre fue muy interesante. Era encandiladora. Su cultura, sus consejos, su buena onda conmigo. Siempre me vio como una hija.

¿Te adoptó por tu voz?

Creo que sí. Cuando me vio cantar en ‘Trampolín a la Fama’, ella estaba viendo la televisión, le gustó cómo interpretaba. Gran voz no tengo, no tengo el gran registro, la gran potencia.

¿Cómo te llamaba ella?

Me decía Cecilia nada más.

¿No conocía ese sobrenombre de ‘Cachufita’?

Jajajaja… no, ‘Cachufa’, ‘Cachufita’ me decía mi familia, mi padre y mis tíos. En el norte existe una gallina que tiene los pelos hacia abajo, como yo, que caían sobre la frente. La gallina cachufa le dicen, nunca la he visto, pero debe ser como yo, ja. Hace años que no me dicen cómo está la ‘Cachufa’. Todo te averiguaste oye.

 

Amor y soledad

Hace tiempo vive sola. Dice que se acostumbró a la soledad. Es su mejor compañera. “No la comparto con nadie. Me estaba intoxicando en una relación que no era saludable. Uno mientras más avanza en edad tiene más manías. Estoy libre de hacer todo lo que quiero. Poner las cosas donde quiero y que nadie me lo mueva”.

Te casaste dos veces, ¿cierto?

Sí, con dos bolivianos. Luego conviví con un venezolano.

¿Pero solo uno, Germán, fue el gran amor de tu vida?

Sí, murió de un ataque al corazón. Un tipo muy culto, un actor boliviano muy inteligente.

Leí lo que escribió de ti: Así en la selva como en el mar; cuando pasa la luna; desciende una luz perlada; pero cuando pasas tú; la noche estalla.

Éramos almas gemelas, tanto que nos separamos.

¿Cómo surge tu amistad con César Calvo?

Chabuca Granda lo conocía, después nos hicimos amigos, iba a mi casa, era un tipo muy agradable. Muy gracioso.

¿Te enamoraste de él?

No. No. Yo era menor, muchas mujeres se enamoraron de él. Nos reíamos mucho. Le gustaba mi voz. Alguna vez hizo la presentación de un disco mío.

Y tú escribiste de él: ¿Has sido el príncipe de las alcobas? Probablemente. Lo que yo he podido comprobar personalmente es que has sido el rey de los salones…

¿Eso lo escribí? Creo que sí, una cosa de cariño. Pero nunca estuve enamorada, fue una relación muy linda.

 

El retorno

Son tres años de la última presentación. Llenó el teatro Peruano-Japonés. Solo la tentación de pisar un escenario como el Gran Teatro Nacional logró convencerla de soportar otra vez el estrés de una actuación como solista.

¿Saber que será la última presentación como solista te genera una tensión adicional?

Es mucha tensión, para el otro año quiero hacer cosas en conjunto, está en proyecto volver a hacer Tres Mujeres para un Show con Cecilia Bracamonte y Regina Alcóver. Seguiré mientras tenga la voz bien puesta. Pero ya no es la misma de hace 46 años.

Esta presentación será un tributo, un repaso a los grandes compositores que interpretaste...

Así es, un homenaje a Alicia Maguiña, Chabuca Grande, Victoria Santacruz, Augusto Polo Campos, José Escajadillo, Luis Abelardo Núñez, Rafael Otero López, Miguel Correa Suárez, Andrés Soto, en fin…

¿Existen hoy compositores criollos?

Los hay, Lourdes Carhuaz, Eduardo del Perú…

Sin embargo, dijiste: las letras de la cumbia se refieren a una Lima actual y las letras de criollismo a una Lima que ya no existe.

Hasta cierto punto sí. Pero también se ha compuesto ya no a Lima, sino personajes, como Chabuca a Javier Heraud. José Escajadillo, Andrés Soto… escribieron y escriben canciones de amor. Y la cumbia responde a una realidad social, es fiel representante de una masa migrante.

¿Por qué dices que nunca pretendiste ser una cantante masiva?

Es cierto. Llenar un estadio puede ser masivo, pero no, yo no… Siento que no todas mis canciones gustan a una gran mayoría. Tengo un público cautivo, pero no masivo.

Redacción: Jaime Tipe Sánchez

Foto: Jesús Nimboma

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