Mayo 16, 2017

La ideología que impone leyes

Legalizar la pederastia, el incesto, las relaciones carnales con animales y hasta la necrofilia, forma parte de una corriente encapsulada al interior de la ideología de género. Los países ceden a un orden mundial que parecen no tener límites.

Compartir:
La ideología que impone leyes

En países de América Latina, Europa y Asia, la ideología de género avanza en el campo de las leyes, imponiendo prácticas que solo favorecen a grupos contrarios a la familia y a la identidad personal.

 

La ideología de género necesita de la legalidad para fortalecerse en el mundo y allí apuntan sus defensores. En una década han logrado que se incluya como derecho de los ciudadanos el aborto, el matrimonio entre homosexuales, la adopción de niños por parejas gay y las prácticas transgénero.

 

Sin embargo, esto es poco todavía para estas organizaciones que predican el amor y la igualdad entre todos los seres vivos, pero que en realidad buscan implantar una dictadura.

 

De esto pueden dar fe los profesionales que no pueden expresarse contra estas ideas, como Brendan Eich, CEO de Mozilla y uno de los creadores del navegador Firefox, quien en el 2014 fue obligado a renunciar por hacer una donación para una campaña contra las bodas gays. 

 

María Lacalle, profesora de Derecho Civil de la Universidad Francisco de Vitoria, España, dice que la ideología de género se impuso a nivel mundial en la Conferencia sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995. Allí, los lobbies de las organizaciones internacionales consiguieron que los países participantes aceptaran el compromiso de incorporar “perspectivas de género” en sus políticas y legislaciones. La propia Organización de las Naciones Unidas adoptó el programa.

 

Ahora, en países como Estados Unidos, Canadá, Suecia y otros de Europa, surgen movimientos y asociaciones que buscan legalizar la pederastia, el incesto, las relaciones carnales con animales y hasta la necrofilia.

 

¿La legalidad?

 

La base de la ideología de género es la supuesta “construcción cultural”, que impone a los hombres, pero sobre todo a las mujeres, diferentes roles sociales que menoscaban su libertad, según explica el profesor en Derecho Civil de Buenos Aires, Jorge Nicolás Lafferriere.

 

Lafferriere dice que esta legislación avanza sobre hechos consumados, como en su país, Argentina; es decir, el Gobierno y las autoridades emiten una ley que no refleja lo que piensa necesariamente la sociedad de un determinado país, y, luego, se van haciendo modificaciones a esa ley.

 

El aborto

 

La legalización del aborto podría ser considerada la primera conquista de la ideología de género.

 

Aproximadamente, 26 millones de mujeres tienen abortos legales cada año, y hay cerca de 70 países donde el aborto es legal. Gran parte de ellos liberalizaron sus leyes sobre este tema entre 1950 y 1985. 

 

No obstante, el aborto no solo es la interrupción de la vida de un ser humano. Sus promotores le han encontrado el lado monetario y ya en numerosos países es financiado por el Estado, que destina abultados presupuestos que van a parar a las clínicas privadas, bajo el argumento de “aborto seguro”, sin riesgos para la mujer.

 

En Estados Unidos, el gobierno federal destina más de 500 millones de dólares para las organizaciones abortistas. A principios de año, estas asociaciones han puesto el grito en el cielo luego del anuncio del presidente Donald Trump de retirarles esa suma.

 

El pasado mes de marzo, representantes de cincuenta países y organizaciones no gubernamentales se reunieron en Bruselas, en la conferencia internacional “She decides” (Ella decide), y se han comprometido a destinar 181 millones de euros a un fondo internacional para financiar el aborto. 

 

Las adopciones

 

El primer país que legalizó las uniones entre parejas homosexuales fue Holanda en el año 2000. Bélgica fue el siguiente, en 2003, mientras que Canadá y España lo hicieron en 2005. Luego, se fueron sumando Sudáfrica, Noruega y Suecia, en 2009; Argentina, Islandia y Portugal, en 2010; Dinamarca, Reino Unido, Brasil, Francia, Nueva Zelanda y Uruguay, en 2013; y Luxemburgo, Finlandia, Irlanda y Estados Unidos, en 2015. Colombia es el último país de Sudamérica en haber aprobado esta unión.

 

Una vez legalizadas las uniones homosexuales, los grupos defensores de la ideología de género van por más. En la mayoría de los países mencionados también han logrado que se den leyes a favor de la adopción de niños por estos “matrimonios”. Es difícil que alguna autoridad o un juez prohíba estas adopciones luego de que las uniones han adquirido legitimidad social.

 

La educación

 

En virtud de las exigencias de organizaciones defensoras de la ideología de género, en muchos países los gobiernos están implementando en las escuelas clases sobre las diferentes “orientaciones sexuales” existentes.

 

Para este propósito, introducen en los colegios de niños de primaria cuentos infantiles. 

En los países donde los ministerios de educación han cedido a estas exigencias, se han cuidado mucho de mencionar la palabra “género” al momento de implementarla.

 

En 2005, el norteamericano David Parker fue arrestado y multado con 1000 dólares, en Lexington, Massachusetts, por tratar de impedir que su hijo de 5 años reciba clases donde el profesor enseñaba un cuento sobre un rey que, en lugar de casarse con una princesa, se casó con un príncipe.

 

Mundo transgénero

 

Como la ideología de género asegura promover el derecho al libre desarrollo personal, tratan de imponer en la legislación de los países el acceso a las intervenciones quirúrgicas para que la persona “decida” el sexo que perciba tener.

 

Sin embargo, lo más grave es que, en algunos países, no solo han obtenido que estas intervenciones se realicen en adultos, sino también en niños y adolescentes. 

 

Entre los países donde el cambio de sexo se realiza en forma gratuita y con financiamiento público se encuentra Irán, donde se castiga la homosexualidad, pero no al transexual. Canadá, Suecia y Estados Unidos fueron los primeros países donde se impusieron estas operaciones.

 

En Argentina no solo se realizan las intervenciones en el ámbito público, sino también privado, con dinero entregado por el Estado. Si se tiene en cuenta que los centros privados reciben fondos de los impuestos que pagan todos los ciudadanos, se puede pensar que estos llamados “cambios de sexo” son un magnífico negocio.

 

Otros países de Latinoamérica que han aprobado esta práctica son Brasil y Chile. En España, el Estado debe financiar hasta los carísimos tratamientos hormonales. El costo puede llegar a 30 mil euros, antes y después de la intervención.

Etiquetas:

Articulos relacionados