Jul 31, 2017

Economía peruana, un balance con observaciones

La Columna de Ignacio Basombrío

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El presidente de la República confirmó, en su mensaje al país del 28 de julio, que el crecimiento de la economía ha sido insuficiente durante el primer año de su gestión. En realidad, las expectativas han sido defraudadas. Se esperaba que, con un equipo tecnocrático, resultaría posible comenzar la recuperación, luego de la manera en la cual, en la administración Humala, los indicadores decrecieran.

Las razones expuestas por el jefe de Estado para explicar la situación de la economía no son suficientemente aceptables. En efecto, las continuas menciones a lo largo del presente año a los problemas derivados del proceso denominado Lava Jato y de los efectos del fenómeno de El Niño Costero, de puro repetidos y sabidos, conforme lo indicó don Miguel de Unamuno, se olvidan y pierden importancia.

Lo que se esperaba el 28 de julio era una autocrítica sobre lo que pudo haber ocurrido con la gestión pública, la falta de liderazgo y de iniciativa por parte de los responsables de los diferentes ministerios para impulsar el desarrollo de la economía, liberar al sector privado de pesadas cargas y, por tanto, crear condiciones objetivas apropiadas para recuperar la capacidad de crecimiento. 

El malestar ciudadano, que se expresa en el bajo nivel de aprobación a la gestión presidencial es, sin duda, consecuencia de lo que está ocurriendo con la actividad económica. De tal manera, en el actual escenario, no se pueden desvincular los temas políticos de los asuntos económicos. Lo evidente es que el sector privado ha perdido confianza en el país, en la medida en que la inercia del humalato se ha prolongado en el primer año de la nueva gestión del Estado.

Por otro lado, las facultades extraordinarias le permitieron al Gobierno legislar, sin mayores obstáculos, con más de cien dispositivos. Muchos de ellos fueron anunciados como mecanismos para mover la economía y para mejorar las condiciones en las cuales se desenvolvían las relaciones entre las empresas y el Estado. El nuevo marco legal debería haber constituido una referencia fundamental de las nuevas políticas públicas, más orientadas al mercado, para restablecer el optimismo empresarial y mover inversiones paralizadas. Sin embargo, ello no ha ocurrido. Si bien es cierto el fenómeno de los desastres naturales distrajo las prioridades del Estado, no parece que ese importante conjunto de dispositivos legales se haya convertido en palanca de transformación o de impulso de las actividades de las empresas.

Para la mayor parte de los operadores económicos, la situación se ha deteriorado y, por ende, no resulta posible considerar que nos encontramos en un escenario adecuado para conseguir objetivos más positivos.

Tiene vigencia, en el actual entorno, un acertado juicio del presidente Mujica del Uruguay, cuando sostuvo que el mercado es importante y necesario, a condición de que existan consumidores y consumo. Si la economía liberal concentra la riqueza en pocos estamentos de la sociedad no se logran los objetivos fundamentales del mercado y de la libertad económica. Es decir, mejorar el nivel y las condiciones de vida de las mayorías.

Para el año 2018, se considera que algunos ejes de la inversión pública podrían contribuir para reactivar la economía. En tal sentido, para el presidente del BCR, la reconstrucción, el impulso fiscal y la confianza son claves para la recuperación económica.

Creo que el orden de los factores enunciados por tan importante funcionario del Estado debería modificarse, si tomamos en cuenta que el elemento prioritario es la confianza, hoy debilitada por conductas erráticas. Para lograr tal objetivo se requiere liderazgo por parte del Estado, en todos los estamentos con responsabilidad política, para movilizar aportes de capital de riesgo por parte de las empresas privadas y concreción de proyectos, muchos de los cuales se encuentran entrampados por la burocracia estatal y la presión política. Estimo, en tal sentido, que resulta indispensable que el sistema económico, público y privado, se encuentre operando en términos eficientes, sin trabas ni bloqueos innecesarios.

La reconstrucción, en la cual se confía tal vez en exceso, es un proceso lento, con posibles problemas y dificultades por la cantidad y diversidad de actores sociales y económicos que intervienen. Además, no debe olvidarse la rigidez de los sistemas administrativos para la toma de decisiones.  En otras palabras, no basta tener recursos en la caja fiscal para considerar que la reactivación se logrará gracias a la reconstrucción.  

Por otro lado, el Ministerio de Economía y Finanzas, en el presupuesto para el año 2018, considera a los Juegos Panamericanos y a la Línea 2 del Metro de Lima para que, junto con la reconstrucción de las zonas afectadas, constituyan los elementos que dinamicen la inversión pública y la recuperación. Tengo un razonable margen de duda al respecto, aun cuando prefiero ser historiador antes que profeta.

 

Lo que se esperaba el 28 de julio era una autocrítica sobre lo que pudo haber ocurrido con la gestión pública, la falta de liderazgo y de iniciativa por parte de los responsables de los diferentes ministerios (…).