Jun 05, 2017

Inversiones y confianza en la administración del Estado

La columna de Ignacio Basombrío

Compartir:

Todos los estudios y evaluaciones sobre el futuro comportamiento de la economía peruana registran, como un elemento fundamental, el incremento de la inversión pública. Es decir, de los proyectos  que se financian, directa o indirectamente, con recursos del Estado.

Se aprecia actualmente un debilitamiento de la inversión privada, en buena medida por las restricciones que el propio Estado ha impuesto, que bloquean los proyectos con normas administrativas innecesarias, que solo complican, postergan e, inclusive, cancelan las inversiones.

Lo anterior puede parecer insólito, habida cuenta del papel del sector privado para generar empleo, pero no lo es. La experiencia de los empresarios, desde los micronegocios hasta las grandes empresas, es difícil, en la mayor parte de los casos.

El vía crucis para obtener permisos y licencias para operar tiene, sin duda, más de 14 estaciones. Los burócratas, sin embargo, en el discurso, consultorías y documentos oficiales, no dejan de mencionar que los trámites se simplifican y que los proyectos se aprueban en pocos días. La contradicción entre los hechos y los textos es evidente. El Estado, en tienda aparte, no cumple con los plazos, no respeta los denominados TUPA, no reconoce los derechos del administrado en la oportunidad debida. Lo anterior es grave y explica, en alguna medida, la reducción de la inversión privada.

Sin embargo, en este proceso absurdo de debilitamiento de la estructura productiva del país, ahora se abre paso una generalizada desconfianza en la honestidad y solvencia de la administración del Estado. No interesan las razones ni los argumentos. En principio, se presumen la corrupción y los intereses privados.

El funcionario del Estado, por tanto, no es un ciudadano libre de toda sospecha. Por el contrario, a diferencia de la película protagonizada por Gian Maria Volonté, es sospechoso siempre, aun por lo que no ha ocurrido.

La situación anterior es parte del realismo mágico peruano. No olvidemos que, cuando imperaba Blanca Nélida Colan, se organizó en el Perú una super cumbre internacional sobre corrupción y se aprobaron resoluciones y recomendaciones. Recuerdo, por asociación de ideas, a Orwell y 1984, un gran libro que debería releer para refrescar mis ideas respecto al gran hermano.

No obstante, regresando al realismo mágico peruano, cuando se requiere confianza en el Estado y, por ende, en sus funcionarios para reconstruir al país o para seguir avanzando y recuperar el tiempo perdido, se socavan los cimientos. Toda mención al Estado en los tiempos que corren se acompaña de tres elementos: denuncias, investigaciones y corrupción.

En tal entorno es difícil que se logren las metas comprometidas de inversión pública. Lo posible es que los niveles de ejecución se sitúen por debajo de lo estimado, particularmente, en los proyectos pequeños y medianos, que son los que mayor impacto tienen en la sociedad.

Los efectos de tal situación no son positivos y, además de debilitar la capacidad de crecimiento de la economía peruana, generará insatisfacción ciudadana. En un evidente círculo vicioso se producirá, entonces, una contradicción entre la frustración económica y el malestar político.

El obligado telón de fondo de la actual situación es el proceso electoral del próximo año. ¿Cuál será el temperamento de los ciudadanos?  ¿Cómo cambiará la correlación de fuerzas entre los grupos políticos? ¿Qué ocurrirá con la hipótesis de que grupos regionales y locales radicalizados obtengan el triunfo en las elecciones? ¿Cuál será el valor político, en tal escenario, de las actuales mayorías?

El Estado se legitima y obtiene respaldo político en la medida en que actúa, invierte, resuelve los problemas de la gente. Caso contrario, perdido en especulaciones en Lima, pierde legitimidad rápidamente.

Debe tenerse presente que, conforme lo señala el Ministerio de Economía y Finanzas en el documento de actualización de las proyecciones macroeconómicas de abril pasado, "La economía peruana crecerá este año un 3 % y mantendrá su liderazgo en la región, a pesar de enfrentar dos choques adversos: el fenómeno de El Niño costero y la paralización de importantes obras de infraestructura vinculadas a empresas brasileñas. Si bien ambos choques son de carácter transitorio, su impacto en el crecimiento de este año ha sido significativo. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) estima que ambos choques adversos le restarán 1,5 puntos porcentuales (p. p.) al crecimiento del 2017, respecto del 2016".

Para que esta visión optimista pueda cumplirse, es necesario actuar en varios frentes y recuperar la confianza en el Estado y sus instituciones, devaluadas en buena medida por actitudes tremendistas, personalistas y de exposición exagerada ante los medios de comunicación. Sin esa confianza, ni la inversión privada ni la pública podrán desarrollarse normalmente.

El propio MEF ha señalado que "en este contexto, la estrategia de política económica de la presente administración contempla tres ejes: i) política fiscal expansiva; ii) impulso productivo a sectores claves; y iii) promoción de inversiones. El objetivo de esta estrategia es asegurar lo más rápido posible la recuperación económica este año y consolidarla durante el 2018".

El Estado se legitima y obtiene respaldo político en la medida en que actúa, invierte, resuelve los problemas de la gente. Caso contrario, (…) pierde legitimidad rápidamente.