Jun 05, 2017

PPK, la pandilla y la reforma pendiente

La columna de David Montoya

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Cerca del primer año del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), los que votamos por él en segunda vuelta, esperamos aún que algo de la agenda sobre las grandes reformas pendientes para el país puedan ser planteadas y peleadas contra esta mayoría fujimorista, que cada día se asemeja a los protagonistas de Gangs of New York, por lo menos en lo que significa buscar más sangre como el único argumento para imponerse frente a los demás.

No obstante, si el gobierno de PPK y el mismo presidente quiere dejar un país distinto el 2021 y encaminar la resolución de los problemas fundamentales del Perú, tiene una complicada tarea por resolver: ¿cómo enfrentar al avasallamiento cotidiano del fujimorismo dirigido por Keiko Fujimori? Las pandillas no entienden la estrategia de la diplomacia, de las buenas formas y las buenas maneras.

Una constante a la que asistimos diariamente es que los fujimoristas y Keiko creen que ella es una suerte de cuasipresidenta de la República, que estuvo a un “triz” de alcanzar la banda presidencial y que eso, en todo caso, es una formalidad que si no se supera en los cuatro años del gobierno de PPK, lo resolverá el 2021.

Es el “golpe en el ojo” o la derrota no superada de Keiko y su Gang, que a fuerza del número de legisladores y votos que tiene no solo ha hecho del parlamento su chacra, sino que pretende trabajar al Gobierno basada en el miedo.

“Tengo 47 años. ¿Sabes cómo me mantuve con vida tanto tiempo? Miedo… Si alguien me roba, le corto las manos. Si me ofende, le corto la lengua. Si se levanta contra mí, le corto la cabeza… La pongo bien alta para que todos en la calle puedan verla. Eso es lo que mantiene el orden de las cosas. El miedo”. ¿Keiko Fujimori? No, el personaje principal de Pandillas de New York, Bill Poole, interpretado por Daniel Day-Lewis.

La opción de PPK en su primer año corresponde con la postura de no hacer olas con Fuerza Popular, porque es posible encontrar colaboración si se conversa y se llegan a acuerdos. Lo cierto es que Keiko parece alcanzar sus objetivos de hacer sentir miedo y mostrar como débil al oficialismo. Estar pendiente de cómo reaccionará el fujimorismo hace que el oficialismo presente “reformas de Estado” orientadas a acciones de destrabe y formalización en lo económico, que más tiene que ver con modernizar y mejorar la administración que resolver los grandes nudos del país.

PPK no tiene nada que perder y mucho por ganar. La edad en este caso juega a su favor. Él no volverá a postular a la presidencia de la República, por eso podría alzar la voz con mayor frecuencia e ir colocando los temas principales de la reforma pendiente. 

El Perú es conocido en el mundo dentro de las “democracias defectuosas” y Felipe Ortiz de Zevallos,  consejero ad honorem de PPK, lo recuerda en un artículo del año 2015 presentando un trabajo de la Asociación Civil Transparencia sobre reforma institucional,  en el cual señala: “De una democracia básicamente definida por su sistema electoral, debemos avanzar en el Perú hacia una que se afirme también en ciudadanos conscientes y en instituciones políticas maduras…”.

Este trabajo de Transparencia estableció cuatro ejes fundamentales  para esta reforma política pendiente: sistema   electoral,  funcionamiento    del    Congreso    de    la    República,     funcionamiento   del   sistema   de   justicia   y  medidas   para  favorecer  la  transparencia  y  mejorar  la  gestión  en  la  administración pública.

A estos puntos agregaría el de un nuevo pacto para el proceso de regionalización y descentralización en el país, que a la luz de los acontecimientos de corrupción, pero también de gestión. Es un tema que se cae de maduro, pero requiere conducción como señala la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y que entrega esa responsabilidad al presidente del Consejo de Ministros. Se suponía que los gobiernos departamentales (regionales) serían transitorios.

También sería adecuado tener, como en Chile, un Servicio Civil Profesional. Es decir, establecer un Sistema de Gestión de Conflictos del Sector Público para resolver las diferencias, por ejemplo, de territorios donde conviven grandes proyectos extractivos, la extrema pobreza y la ausencia del Estado en todos sus niveles, que es un combo explosivo y que no basta con crear un Viceministerio de Gobernanza.

¿Cómo hacer esto teniendo una aplastante mayoría al frente con comportamiento de pandilla? Una frase de la película aludida tiene la respuesta: “…si no eres fuerte, mejor que seas astuto”.

PPK puede mirarse en el espejo de Mandela, que fue elegido presidente de Sudáfrica pasados los 72 años. Luego de sus largos años de prisión, con astucia y liderazgo estratégico, ganó la iniciativa de sus captores. Esto lo logró no solo haciendo política entre sus partidarios, incluso en contra de ellos, sino estableciendo alianzas o acuerdos amplios en busca de sus objetivos, pero sobre todo forjando un sueño común donde no tenía cabida el apartheid y el racismo.

PPK debe plantearse cuál es el sueño que quiere forjar entre los peruanos de cara al 2021.

 

Lo cierto es que Keiko parece alcanzar sus objetivos de hacer sentir miedo y mostrar como débil al oficialismo.