Mayo 15, 2017

Vacío político de terror

La columna de David

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En la primera semana del mes de mayo se produjeron dos movilizaciones, una del Movadef y otra de la asociación de familiares que promueven la aprobación de una ley para el uso medicinal de la marihuana. La primera, el 1 de mayo en el centro de Lima, es acompañada por la policía para salvaguardar el orden y en la segunda, el sábado 6 de mayo, hubo una dura represión policial porque se argumenta que dicha movilización no contaba con permiso y obstaculizaba el tránsito. ¿La marcha del Movadef tenía permiso? Si tenía permiso, ¿por qué se lo dieron, si como se afirma se tiene un monitoreo constante de los grupos ligados a la defensa de los senderistas en la cárcel? ¿No se sabía que Movadef se infiltraría por la conmemoración del 1 de mayo? ¿Qué instrucciones se dio a la Policía? ¿Qué coordinaciones se hicieron con la autoridad política que otorga los permisos para desplazamientos y movilizaciones? Son algunas de las muchas interrogantes presentes en el sector interior y que significó un cambio del jefe de la Región Policial de Lima. Sale el general Gastón Ramírez y se designa al general Víctor Rucoba de importante gestión en el departamento de Apurímac. 

La movilización del Movadef tiene hasta la fecha un duro impacto político por el límite estrecho de lo que es y lo que no es apología al terrorismo, y donde existe la percepción ciudadana de que  no se hizo nada para evitar esta presencia política de los defensores de Sendero Luminoso, hecho que provoca incluso una potencial interpelación al ministro del Interior. Sin embargo, es claro que la absurda represión de la segunda movilización, donde había padres de familia con sus hijos que podrían ser beneficiarios de marihuana, permite comparar el comportamiento policial en uno u otro caso.

Sendero Luminoso siempre operó con  diversas fachadas que ellos llamaban “organismos generados”. ¿Por qué ahora que propugnan amnistía y reconciliación para Abimael Guzmán y sus sentenciados iba a ser diferente? Su objetivo hoy día es usar todos los pequeños resquicios de nuestra alicaída democracia y, sobre todo, de la ausencia de presencia política en la sociedad y en la ciudadanía para que ellos cubran ese vacío a favor de sus objetivos políticos. 

Por el momento, lo militar es un “recodo” y para este escenario también tienen sus “organismos generados”. Movadef es uno de ellos, también están Jóvenes del Pueblo, Mujeres del Pueblo, la Asociación de Familiares y Presos Políticos, que son algunos de estos organismos, pero también tienen presencia en universidades públicas.

Manuel Fajardo en una conferencia de prensa del Movadef sobre el caso Tarata se refiere a Abimael Guzmán y los otros senderistas como “los revolucionarios procesados del caso Tarata”. Muestra clara y reiterada de que no hay arrepentimiento sino reafirmación de sus principios y su análisis de que ellos estuvieron en una “guerra interna”. 

El error en el que volvemos a caer es querer enfrentar a Sendero Luminoso o los remanentes del MRTA en Bolivia desde el lado policiaco, militar, de comunicaciones o de inteligencia. Diez años le costó al Estado peruano -casi toda la década del 80- comprender que la disputa con el terrorismo, si bien tiene todos esos elementos, es principalmente una disputa de presencia y argumentación política.

Los peruanos reconocemos el mérito del trabajo de inteligencia del GEIN y la Dircote en la lucha contra el  terrorismo, pero la pelea política en la sierra peruana fue librada por grupos políticos que tienen héroes por mostrar. Alcaldes, dirigentes campesinos y militantes de los más diversos partidos de la izquierda peruana, del Partido Aprista y hasta del PPC.

Esa disputa política con Sendero Luminoso y el trabajo de las rondas campesinas trasladó al mando central de ese grupo terrorista a Lima donde se logró realizar la detección y el seguimiento de inteligencia con la posterior captura y desmoronamiento de esa organización extremista.

¿Qué busca el senderismo con este trabajo político? En el corto y mediano plazo, ganar en la interpretación histórica de lo que ocurrió en las décadas de los 80 y 90. Fue una guerra interna, “convencional”, que produjo bajas y víctimas de ambos lados y que lo que corresponde es la amnistía del presidente Gonzalo, por supuesto, y participar en elecciones con liderazgos extremistas que siempre jalan votos. 

Abimael Guzmán, con 83 años a cuestas, difícil que alcance algún beneficio, pero el tiempo si juega en favor de su prédica política de amnistía y reconciliación. La generación milenial con ocasión del escándalo del mausoleo senderista y de la marcha del Movadef se muestra más “comprensiva” con estos protagonistas del terror de los 80.

El Estado puede tener el monitoreo o la inteligencia sobre las actividades de estos organismos generados del senderismo en su faceta política, pero si esto no se traduce en respuesta política y solo se opta por endurecer penas y represión, ellos ganan en la calle y en el discurso.

La movilización del Movadef tiene hasta la fecha un duro impacto político por el límite estrecho de lo que es y lo que no es apología al terrorismo (…)