Abr 21, 2017

Lecciones para nunca olvidar

La columna de Mariella Bautista

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Para enfrentar con éxito la reconstrucción nacional después de los recientes desastres naturales, es necesario reflexionar sobre las lecciones que dejó el terremoto de agosto de 2007 en Pisco e Ica, aunque los desastres sean diferentes.

En aquella ocasión, el gobierno de Alan García creó FORSUR y lanzó el memorable bono de 6000 soles para la construcción de viviendas. Sin embargo, hubo muchas fallas. Un ejemplo son las condiciones de otorgamiento del bono. Uno de sus requisitos era haber sufrido la pérdida total de la vivienda, lo cual jugó en contra de la población ya que muchas construcciones no se perdieron por completo, pero quedaron inhabitables, con lo cual dejaban de ser elegibles.

Por si fuera poco, se generaron escándalos por la entrega de bonos a personas que no estaban empadronadas. Hubo actos de corrupción y peculado que involucraron a los proveedores y funcionarios del Banco de Materiales.

Tampoco se supo a ciencia cierta cuántos damnificados hubo, cuántos se beneficiaron con los bonos y cuántos fueron usados en el propósito para el que fueron creados. Una de las deficiencias más graves en el otorgamiento de bonos en el sur fue la falta de adecuada comunicación con la población respecto a condiciones y obligaciones, tanto para facilitar el acceso como para reducir el temor de la población a endeudarse. Muchos no entendieron que los 6000 soles eran una donación. En suma, un cúmulo de errores como resultado de la falta de experiencia y criterio para considerar las diversas realidades posteriores al evento.

Esta experiencia demostró, entre otras, la incapacidad de contar con información confiable y actualizada, la falta de procesos eficientes para identificar y empadronar a la población damnificada. En las actuales circunstancias, lo más probable es que no exista información oficial o haya carencia de documentos para acreditar la propiedad. 

¿Qué otras lecciones podemos recoger de esta experiencia? Pensar en nombrar un “zar” no es necesariamente lo adecuado. Puede suceder, al igual que en la última experiencia, que el elegido no solo carezca de habilidades sociales, sino también de competencias técnicas.

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